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Guía Rumanía

La Gran Unión (1859-1918)

De los principados unidos bajo Cuza al 1 de diciembre de 1918 en Alba Iulia: cómo se construye un país en sesenta años.

⏱ 7 min de lectura 🔄 Actualizado 2026-04-29

El siglo XIX es el siglo en el que tres países empiezan a pensarse como uno. La Marea Unire de 1918 — esa fecha que el viajero verá repetida hasta en los sellos postales — es el cierre de un proceso que llevaba sesenta años.

La Escuela Transilvana y el redescubrimiento de Roma

El primer eslabón es intelectual y viene de Transilvania. A finales del XVIII, el Imperio Habsburgo permite a los rumanos uniatos (greco-católicos) formarse en Roma. Vuelven con tres ideas que sacudirán todo: la lengua rumana es latina y debe escribirse con alfabeto latino (no cirílico, como entonces); los rumanos son herederos directos de los colonos de Trajano; y, por tanto, son tan europeos y tan antiguos como cualquier otra nación del continente. La llamada Școala Ardeleană — Samuil Micu, Gheorghe Șincai, Petru Maior — produce gramáticas, diccionarios y la primera historia general. La idea fundacional de Rumanía está construida en latín, en Roma, por curas greco-católicos transilvanos. Curiosamente, ninguno de los tres principados se llamaba todavía Rumanía.

La revolución de 1848 y la guerra de Crimea

En 1848, el año europeo de las revoluciones, los tres principados explotan simultáneamente. En Valaquia, una revolución liberal — encabezada por Nicolae Bălcescu, Ion Heliade Rădulescu y los hermanos Brătianu — proclama la Constitución de Islaz, abolición de la servidumbre y reforma agraria. La aplastan tropas otomanas y rusas. En Moldavia, la revuelta es más breve y más conservadora, sofocada en pocos días. En Transilvania, los rumanos liderados por Avram Iancu — abogado nacido en los Apuseni — se lanzan a una guerra de tres bandos contra los magiares de Lajos Kossuth, defendiendo simultáneamente al emperador Habsburgo y la causa nacional rumana. La operación termina con masacres mutuas y, una vez Viena restaura el orden, sin ninguna concesión política para los rumanos transilvanos.

La guerra de Crimea (1853-1856) cambia el equilibrio. Rusia, derrotada por la coalición franco-británico-otomana, pierde su tutela sobre los principados danubianos. El Tratado de París (1856) los pone bajo garantía colectiva de las grandes potencias y abre la puerta a una unificación que ni Rusia ni los otomanos habrían tolerado por separado.

Cuza y el “doble voto”

El 24 de enero de 1859, los dos principados danubianos — Valaquia y Moldavia — eligen al mismo candidato, Alexandru Ioan Cuza, como príncipe. Es una unión personal legalmente cuestionable pero políticamente irreversible: las potencias garantes habían previsto dos príncipes, no uno, y los rumanos sortearon el problema eligiendo dos veces a la misma persona. Cuza gobierna los dos principados desde 1859 hasta 1866 con una agenda reformista intensa: ley agraria que distribuye tierra a 400.000 campesinos, secularización de los bienes monásticos (un cuarto del territorio del país pertenecía entonces a monasterios), código civil basado en el napoleónico, ejército unificado.

Esa intensidad le costó el trono. En febrero de 1866, una “monstruosa coalición” de boyardos conservadores y liberales radicales le obligó a abdicar. Para neutralizar la inestabilidad, los principados eligen un príncipe extranjero: Carlos de Hohenzollern-Sigmaringen, primo del rey de Prusia, llega a Bucarest en mayo de 1866. Toma el nombre de Carol I y reinará 48 años.

Independencia, reino y guerra

Carol I gobierna con paciencia prusiana. Su gran momento llega en 1877, cuando Rusia entra en guerra con los otomanos para liberar Bulgaria. Rumanía firma una alianza con Rusia, declara su independencia del sultán y envía 38.000 hombres al frente. La batalla de Plevna — donde la artillería rumana cubre el flanco ruso durante un asedio de cinco meses — es el momento militar fundacional del país. El Tratado de Berlín (1878) reconoce la independencia, aunque a costa territorial: Rusia se queda Besarabia meridional y Rumanía recibe a cambio Dobruja, una región multiétnica de turcos, tártaros y búlgaros que abre al país al mar Negro. En 1881, Carol I se proclama rey y Rumanía se convierte oficialmente en reino.

La Gran Rumanía de 1918 duplicó su territorio y añadió a su población millones de húngaros, alemanes, ucranianos y judíos que no habían pedido serlo.

Las décadas siguientes — 1881 a 1914 — son las de la “Bucarest belle époque”: el bulevar de la Calea Victoriei, el Ateneo Rumano, los edificios haussmanianos. La economía crece sobre el petróleo de Ploiești y el trigo del bajo Danubio. Pero el campesinado sigue siendo mayoría empobrecida, sin tierra suficiente, y en 1907 estalla una insurrección campesina enorme — 11.000 muertos en la represión — que demuestra los límites del modelo Carol.

La Gran Guerra y la Marea Unire

Transilvania, Bucovina y Besarabia siguen fuera. La Primera Guerra Mundial cambia eso. Tras dos años de neutralidad, Rumanía entra del lado aliado en agosto de 1916, atraída por la promesa franco-británica de los territorios austrohúngaros con población rumana. La campaña empieza mal: en pocas semanas, el ejército alemán-austrohúngaro-búlgaro ocupa dos tercios del país. Bucarest cae en diciembre. La corte y el Gobierno se trasladan a Iași. Pero el ejército rumano, reorganizado por la misión militar francesa del general Berthelot, resiste durante 1917 las grandes batallas de Mărăști, Mărășești y Oituz, deteniendo el avance alemán.

La paz de Bucarest (mayo 1918) es humillante para Rumanía, pero queda invalidada por la victoria aliada de noviembre. En el caos del derrumbe austrohúngaro, los rumanos de cada región toma la iniciativa por su cuenta. Besarabia se une a Rumanía en marzo de 1918. Bucovina lo hace el 28 de noviembre. Y, finalmente, el 1 de diciembre de 1918, una asamblea de 1.228 delegados — campesinos, sacerdotes, profesores, comerciantes — proclama en Alba Iulia la unión de Transilvania con el Reino de Rumanía.

Ese momento — la Marea Unire, la Gran Unión — sigue siendo la fecha nacional rumana. La Catedral de la Coronación de Alba Iulia se construye para conmemorar esa unificación y coronar en 1922 a los reyes Fernando y María como soberanos de la Gran Rumanía. Iuliu Maniu, líder transilvano que articuló políticamente la decisión, será uno de los grandes nombres de la república interbélica — y morirá en una prisión comunista en 1953. La Gran Rumanía duraría apenas 22 años.

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