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El Valle de los Reyes: lo que las tumbas de los faraones ocultan

Durante 500 años, los faraones del Imperio Nuevo escondieron sus tumbas en un valle desértico al oeste de Luxor. La historia de los saqueos, los descubrimientos y lo que queda por encontrar.

Por Far Guides ⏱ 5 min 19 de junio de 2026
El Valle de los Reyes: lo que las tumbas de los faraones ocultan

En noviembre de 1922, Howard Carter abrió un pequeño agujero en una pared sellada y acercó una vela. Sus ojos tardaron unos segundos en adaptarse a la oscuridad. Desde fuera, su mecenas Lord Carnarvon le preguntó si veía algo. Carter respondió con una frase que ha entrado en la historia de la arqueología: “Sí, cosas maravillosas.” Lo que vio era el antecámara de la tumba de Tutankamón: 5.398 objetos amontonados en cuatro habitaciones, intactos durante 3.245 años.

Por qué un valle

El cambio de las pirámides a las tumbas escondidas en un valle remoto no fue una decisión arbitraria. Los faraones del Imperio Nuevo lo entendían perfectamente: las pirámides eran saqueadas sistemáticamente. El problema no era la escala del monumento sino su visibilidad. Una pirámide es, por definición, un anuncio de riqueza enterrada. Los faraones de la XVIII Dinastía tomaron una decisión radicalmente distinta: nada de monumentos, nada de torres visibles desde kilómetros. Las tumbas serían cavadas en la roca de un valle desértico en la orilla occidental del Nilo, selladas y disimuladas bajo el polvo del desierto.

El plan requería también controlar la información. Para ello crearon Deir el-Medina, una aldea de trabajadores completamente cerrada al exterior, donde los artesanos que construían y decoraban las tumbas vivían aislados con sus familias durante generaciones. Los registros de Deir el-Medina son extraordinariamente detallados —incluyen los primeros documentos conocidos de huelga laboral, del año 1170 a.C., cuando los trabajadores pararon por falta de pago— pero el secreto de las tumbas no duró. El 99% de las tumbas del Valle de los Reyes fueron saqueadas en la antigüedad.

La excepción que define el lugar

La tumba de Tutankamón (KV62) fue descubierta casi por accidente. Carter llevaba años buscando en el Valle, y casi todos los arqueólogos de la época creían que el valle estaba agotado. Tutankamón era un rey menor: murió a los 18 o 19 años, su reinado duró apenas una década, y fue sucedido por un general llamado Horemheb que borró sistemáticamente su nombre de los monumentos porque Tutankamón había restaurado el culto a los dioses tradicionales tras el interludio monoteísta de Akhenaton.

Esa marginación histórica fue, paradójicamente, lo que salvó su tumba. Nadie se molestó en buscarla con demasiada insistencia. Los 5.398 objetos recuperados —entre ellos la máscara funeraria de oro macizo de once kilogramos, cuatro cofres canópos encajados uno dentro de otro, carros desmontados, lechos ceremoniales con forma de animal, instrumentos musicales y una daga de hierro meteórico— representan el ajuar de un rey considerado de segunda categoría. El tesoro de un faraón importante habría sido incomparablemente mayor.

Qué ver en el Valle

El Valle de los Reyes tiene 63 tumbas catalogadas, aunque la entrada general solo incluye tres a elección del visitante. Tutankamón, Ramsés VI (KV9) y Merenptah (KV8) son las más visitadas. Tutankamón cuesta un suplemento de 300 libras egipcias (aproximadamente 6 dólares); la visita dura diez minutos en una cámara pequeña donde está todavía la momia del faraón, dentro de su sarcófago exterior de piedra. La experiencia es más emotiva que visualmente abrumadora.

Ramsés VI ofrece algo distinto: sus techos astronómicos son quizás los más completos del Imperio Nuevo, con el recorrido nocturno del sol a través del cuerpo de la diosa Nut en ambos lados, en un azul oscuro sembrado de estrellas que todavía conserva la pintura original casi intacta. La escala de la decoración —del suelo al techo, en todos los muros de un corredor de decenas de metros— es lo más cercano que existe a experimentar la cosmología egipcia desde dentro.

La tumba de Seti I (KV17), considerada la más elaborada y bella del Valle, lleva años cerrada por restauración. La de Nefertari (KV66), en el Valle de las Reinas, está considerada la mejor tumba pintada de Egipto, pero requiere un permiso especial de 1.400 libras egipcias (unos 28 dólares) y hay cupo limitado. Vale la pena hacer la reserva con antelación.

El calor como variable

El Valle de los Reyes en julio o agosto es perfectamente visitable si se llega antes de las 7 de la mañana. A las 11, la temperatura en el exterior supera los 45 grados centígrados. El interior de las tumbas mantiene una temperatura más estable, en torno a los 28-30 grados, pero la humedad generada por los miles de visitantes diarios está causando daños visibles en las pinturas: la condensación del aliento humano cristaliza en la superficie de los relieves y provoca un deterioro que las autoridades egipcias llevan décadas intentando controlar sin éxito completo.

Las autoridades del Ministerio de Antigüedades han rotado ocasionalmente qué tumbas están abiertas al público para dar descanso a las más visitadas. El sistema de entradas no permite la reentrada: una vez dentro, hay que escoger bien los tres sitios.

El acceso al Valle desde Luxor es por la orilla occidental, que requiere cruzar el Nilo en barca o en el puente de coches hacia el sur. Los taxis y minibuses hacen el recorrido en unos 20 minutos desde el embarcadero.

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