La Ring Road de Islandia en 14 días: ruta completa
Ruta detallada para recorrer la Ring Road de Islandia en dos semanas. Etapas, distancias, paradas imprescindibles y consejos para planificar el viaje.
La Ring Road es una carretera de 1.322 kilómetros que rodea Islandia. Dicho así suena a poco: un anillo asfaltado alrededor de una isla no demasiado grande. Pero esa descripción esconde lo que realmente es: un viaje a través de todas las fuerzas geológicas que han construido el planeta. Glaciares que cubren volcanes activos. Campos de lava de erupciones que ocurrieron ayer en términos geológicos. Cascadas que caen desde mesetas donde no vive nadie. Fiordos tallados por el hielo durante cien mil años. Y entre todo eso, una civilización que lleva mil años sobreviviendo en un lugar donde la tierra no para de moverse.
La carretera se numeró como Ruta 1 en 1974, cuando se completó el último tramo en el este del país. Antes de eso, recorrer Islandia en coche era una expedición seria: ríos sin puentes, tramos sin asfaltar, zonas intransitables en invierno. Hoy la Ring Road está pavimentada casi en su totalidad —quedan algunos tramos de grava en el este—, y en verano es perfectamente accesible para cualquier coche de alquiler. Pero que sea accesible no significa que sea trivial. El clima cambia sin aviso, las distancias entre servicios pueden ser largas, y la tentación de desviarse hacia cada cascada, cada cráter, cada aguas termales, convierte cualquier planificación en una negociación constante entre el tiempo disponible y lo que queda por ver.
Catorce días es el tiempo justo para hacer la Ring Road con calma. Se puede hacer en diez, pero entonces hay que elegir qué sacrificar. Con dos semanas se puede recorrer el anillo completo, añadir la península de Snæfellsnes, y dedicar tiempo suficiente a cada región sin que el viaje se convierta en una carrera entre miradores.
Días 1-2: Reikiavik y la península de Reykjanes
Base: Reikiavik
Dedica el primer día a Reikiavik. No porque haya monumentos que justifiquen una semana, sino porque la capital más pequeña de Europa septentrional tiene una personalidad que merece atención. Hallgrímskirkja, la iglesia de hormigón que domina el centro, no se parece a nada que hayas visto: su fachada imita las columnas de basalto que verás en todo el país. El puerto viejo, reconvertido en zona de restaurantes y museos, conserva algo de la atmósfera pesquera que definió la ciudad durante siglos. Y Harpa, la sala de conciertos junto al mar, es un cristal geométrico que cambia de color con la luz —uno de los pocos edificios modernos de Islandia que realmente funciona como arquitectura—.
El segundo día, antes de empezar la Ring Road propiamente dicha, conduce hacia el sur por la península de Reykjanes. Es un paisaje lunar: campos de lava cubiertos de musgo, fumarolas, la zona geotermal de Gunnuhver con sus columnas de vapor. Aquí está el puente entre dos continentes —una pasarela simbólica sobre la fisura entre las placas tectónicas de Norteamérica y Eurasia—. La península sufrió una serie de erupciones volcánicas entre 2021 y 2024 que cambiaron su geografía, y las cicatrices de lava fresca son visibles desde la carretera.
Distancia del día 2: 80 km (ida y vuelta desde Reikiavik)
Días 3-4: El Círculo Dorado y el interior accesible
Base: Selfoss o alrededores
El Círculo Dorado es la excursión más popular de Islandia y, por tanto, la más masificada. Pero hay razones para ello: en un radio de cien kilómetros se concentran tres lugares que explican la isla mejor que cualquier museo.
Þingvellir es donde las placas tectónicas se separan visiblemente —puedes caminar literalmente entre dos continentes—. Pero su importancia va más allá de la geología: aquí se fundó el Althing en el año 930, el parlamento que gobernó Islandia durante siglos y que es uno de los más antiguos del mundo. Los jefes vikingos se reunían en este valle no por casualidad: la acústica natural del cañón amplificaba la voz del portavoz de la ley, que recitaba de memoria el código legal entero.
Geysir es el géiser original, el que dio nombre a todos los géiseres del mundo. Ya no erupciona regularmente —su vecino Strokkur se encarga de eso cada ocho minutos—, pero el campo geotermal que lo rodea es un laboratorio geológico al aire libre: pozas de agua hirviente, depósitos de sílice de colores imposibles, y el olor a azufre que se convierte en la banda sonora olfativa de todo el viaje.
Gullfoss, la cascada dorada, cae en dos niveles hacia una grieta en la roca que parece tragarse el río entero. En los años veinte, inversores extranjeros quisieron construir una presa hidroeléctrica aquí. Sigríður Tómasdóttir, hija del propietario del terreno, amenazó con tirarse a la cascada y llevó el caso a los tribunales. Perdió el juicio, pero la presa nunca se construyó. Su lucha se considera el primer acto de conservación medioambiental de Islandia.
Más allá de las tres paradas clásicas, el cráter volcánico de Kerið merece los quince minutos de desvío: un anfiteatro natural de tres mil años con un lago turquesa en el fondo. Y si el día es largo, Flúðir tiene una piscina termal natural —la Secret Lagoon— que es todo lo que Blue Lagoon no es: sin colas, sin precio inflado, sin sensación de parque temático.
Distancia del día 3: 230 km (circuito desde Selfoss)
Días 5-6: La costa sur
Tramo: Selfoss → Vík → Kirkjubæjarklaustur
La costa sur es Islandia en su versión más dramática. La carretera corre entre el océano Atlántico a un lado y los glaciares del Vatnajökull al otro, cruzando llanuras de arena negra que son el resultado de miles de años de erupciones volcánicas e inundaciones glaciales.
Seljalandsfoss es la cascada que se puede rodear caminando por detrás de la cortina de agua. Es espectacular, pero lleva preparado para mojarte. A quinientos metros, escondida tras un breve sendero entre acantilados, está Gljúfrabúi: una cascada secreta dentro de una cueva que poca gente visita porque no se ve desde el aparcamiento.
Skógafoss, diez kilómetros más adelante, es la fuerza bruta: sesenta metros de caída vertical, un arcoíris permanente cuando hay sol, y una escalera lateral que sube hasta el borde superior donde empieza el sendero Fimmvörðuháls —una de las mejores caminatas de Islandia, que cruza entre dos glaciares hasta llegar a Þórsmörk—.
La playa de Reynisfjara, cerca de Vík, es probablemente el lugar más fotografiado de Islandia: arena negra como carbón, columnas de basalto hexagonales, y los pilares de roca de Reynisdrangar emergiendo del mar. Es también uno de los más peligrosos. Las olas atlánticas llegan sin aviso y con fuerza suficiente para arrastrar a una persona. Cada año hay incidentes graves. No le des la espalda al mar. No es una frase hecha: es una instrucción literal.
Vík es el pueblo más meridional de Islandia, con trescientos habitantes y una iglesia blanca sobre la colina que se ha convertido en símbolo del país. El pueblo vive bajo la amenaza del Katla, el volcán bajo el glaciar Mýrdalsjökull, cuya última erupción mayor fue en 1918. Los planes de evacuación están actualizados. Los habitantes los conocen.
Distancia del día 5: 190 km. Día 6: 150 km hasta Kirkjubæjarklaustur.
Días 7-8: Glaciares y la laguna de Jökulsárlón
Tramo: Kirkjubæjarklaustur → Höfn
El Vatnajökull es el glaciar más grande de Europa: cubre el ocho por ciento de Islandia y esconde varios volcanes activos bajo su capa de hielo. La carretera corre paralela a su borde sur, y desde ella se ven las lenguas glaciales que descienden hacia los valles como ríos congelados en cámara lenta.
Skaftafell, dentro del Parque Nacional de Vatnajökull, es la base para la caminata a Svartifoss —una cascada rodeada de columnas de basalto que inspiró el diseño de Hallgrímskirkja—. El sendero es corto (hora y media ida y vuelta) pero constante en su ascenso. Desde arriba, la vista del glaciar y la llanura costera es un recordatorio de las escalas que maneja Islandia.
Jökulsárlón es la laguna glaciar donde los icebergs desprendidos del glaciar Breiðamerkurjökull flotan lentamente hacia el mar. Es un espectáculo que no existía hace cien años: la laguna se ha formado por el retroceso del glaciar, y cada año es más grande. Hay algo incómodo en la belleza de Jökulsárlón, porque lo que estás viendo es, literalmente, un glaciar muriéndose. Los icebergs azules y blancos que flotan en el agua son fragmentos de hielo que se formó hace mil años y que no volverá.
La Diamond Beach, al otro lado de la carretera, es donde los icebergs más pequeños llegan al océano y quedan varados en la arena negra. El contraste entre el hielo transparente y la arena volcánica produce algo que parece diseñado pero es pura geología.
Distancia del día 7: 130 km. Día 8: 80 km hasta Höfn, con tiempo para caminatas.
Días 9-10: Los fiordos del este
Tramo: Höfn → Egilsstaðir
Los fiordos del este son la parte de Islandia que la mayoría de viajeros recorren demasiado rápido. La carretera se vuelve más sinuosa, los pueblos más pequeños, los turistas menos frecuentes. Es la región menos visitada del anillo, y precisamente por eso merece dos días en lugar de uno.
La carretera sigue la costa entrando y saliendo de cada fiordo. Cada uno tiene su carácter: Djúpivogur con su puerto de pescadores y las esculturas de huevos de aves locales en el muelle. Fáskrúðsfjörður, fundado por pescadores franceses en el siglo XIX, con las señales de la calle todavía bilingües en islandés y francés. Seyðisfjörður, quizá el pueblo más bonito de Islandia, al final de un puerto estrecho rodeado de montañas y cascadas, con su iglesia azul y su comunidad artística.
La roca aquí es la más antigua del país: riolitas y basaltos de catorce millones de años, frente a la lava de semanas que viste en Reykjanes. Los fiordos se formaron durante las glaciaciones del Pleistoceno, cuando los glaciares excavaron los valles que el mar inundó al retirarse el hielo. La geología del este es la memoria larga de Islandia.
Egilsstaðir, la capital del este, no es pintoresca pero es funcional: supermercado grande, gasolinera, hospital. Es un buen lugar para reabastecerse antes del norte.
Distancia del día 9: 170 km. Día 10: 160 km hasta Egilsstaðir.
Días 11-12: El norte — Mývatn, Akureyri, Húsavík
Tramo: Egilsstaðir → Akureyri
El norte de Islandia tiene una personalidad distinta. El clima es más seco que en el sur, la agricultura es posible en algunos valles, y la segunda ciudad del país —Akureyri, con sus dieciocho mil habitantes— funciona como una capital cultural alternativa a Reikiavik.
Pero antes de Akureyri está el lago Mývatn, y Mývatn es uno de esos lugares que justifican un viaje entero. El lago se formó hace dos mil trescientos años por una erupción de lava, y desde entonces ha sido un ecosistema único: millones de mosquitos (mý significa mosquito en islandés), docenas de especies de patos, y una geología activa que incluye cráteres falsos (pseudocráteres formados cuando la lava cayó sobre el lago y el vapor explotó), fumarolas, cuevas de lava, y baños termales naturales.
Dimmuborgir, junto al lago, es un laberinto de formaciones de lava que parecen las ruinas de una ciudad oscura. La leyenda local dice que es una puerta al infierno. La geología dice que es lo que queda cuando un lago de lava se enfría de forma desigual y el techo se colapsa. Ambas explicaciones son compatibles con el aspecto del lugar.
Húsavík, en la costa norte, es el puerto ballenero histórico reconvertido en capital del avistamiento de ballenas. Las aguas de la bahía de Skjálfandi son territorio habitual de ballenas jorobadas, y la tasa de avistamiento en verano supera el noventa por ciento. El Museo de la Ballena, en un antiguo matadero, cuenta la historia de la caza ballenera islandesa sin romanticismo pero con honestidad.
Akureyri merece una tarde: el jardín botánico más septentrional del mundo, la iglesia diseñada por el mismo arquitecto que Hallgrímskirkja, y una escena de cafeterías que desafía el tamaño de la ciudad.
Distancia del día 11: 170 km. Día 12: 100 km hasta Akureyri.
Día 13: La península de Snæfellsnes
Tramo: Akureyri → Snæfellsnes (vía Ruta 1 y desvío)
La etapa más larga del viaje: trescientos kilómetros desde Akureyri hasta la península de Snæfellsnes, pero la carretera es buena y el paisaje —las granjas del norte, los valles interiores, las montañas que separan el norte del oeste— mantiene el interés.
Snæfellsnes se llama a menudo “Islandia en miniatura” porque concentra en cien kilómetros lo que el resto del país distribuye en miles: un glaciar sobre un volcán (el Snæfellsjökull, la puerta al centro de la Tierra según Julio Verne), acantilados con colonias de frailecillos, campos de lava cubiertos de musgo, playas de arena negra, una playa de arena dorada, pueblos pesqueros con iglesias de madera, y una montaña —Kirkjufell— que se ha convertido en la más fotografiada de Islandia por su forma cónica perfecta.
La iglesia negra de Búðir, sola en un campo de lava frente al glaciar, es uno de esos lugares que no necesitan explicación. Dos paredes negras, un cementerio de hierba verde, y el Atlántico detrás. Arnarstapi y Hellnar, dos pueblos pesqueros conectados por un sendero costero de dos kilómetros, ofrecen acantilados con arcos de basalto y nidos de aves marinas.
Duerme en Grundarfjörður o Stykkishólmur. Este último es el pueblo más grande de la península y tiene un puerto encantador y un centro de información sobre la bahía de Breiðafjörður, con sus innumerables islas.
Distancia: 300 km desde Akureyri. Dentro de la península: 100 km de circuito.
Día 14: Vuelta a Reikiavik
Tramo: Snæfellsnes → Reikiavik (170 km, 2,5 horas)
El último día es un regreso tranquilo. La carretera desde Snæfellsnes pasa por Borgarfjörður, donde están las cascadas de Hraunfossar —agua que brota directamente de un campo de lava, como si la roca misma manara—. Merece una parada. Deildartunguhver, la fuente termal más caudalosa de Europa, está a pocos minutos. Y Reykholt, un pueblo diminuto que fue el hogar de Snorri Sturluson, el autor de la Edda en prosa y las sagas de los reyes nórdicos, una de las figuras literarias más importantes de la Edad Media europea. Su baño termal del siglo XIII se conserva.
Llegarás a Reikiavik a media tarde. Después de dos semanas viendo paisajes que hacen que las ciudades parezcan irrelevantes, Reikiavik recupera su encanto precisamente por contraste: es pequeña, colorida, humana, y tiene la mejor oferta gastronómica del país.
Notas prácticas para la Ring Road
Cuándo ir. Junio a agosto para días largos (casi veinticuatro horas de luz en junio) y carreteras abiertas. Septiembre es viable pero los días se acortan rápido y algunos servicios cierran. Fuera de verano, la Ring Road puede tener tramos cerrados por nieve.
Coche. Un turismo estándar sirve para la Ring Road en verano. Si quieres desviarte hacia las tierras altas (F-roads), necesitas un 4x4 obligatoriamente —es ilegal y peligroso intentarlo sin uno—. Alquila con seguro de grava y arena. No es un gasto innecesario: la grava en el este y el viento con arena en el sur son reales.
Gasolina. Las gasolineras están repartidas de forma razonable pero no abundante. En el este y el norte, no dejes que el depósito baje del cuarto de tanque. Todas aceptan tarjeta con PIN. Lleva efectivo cero: Islandia funciona exclusivamente con tarjeta.
Alojamiento. Reserva con antelación en verano, especialmente en la costa sur y Mývatn. Guesthouses, granjas reconvertidas y hostales son la norma fuera de Reikiavik. Acampar es una opción excelente: las campings están por todo el país y cuestan entre 1.500 y 2.500 ISK por persona.
Comida. Comer fuera es caro. Un plato principal en restaurante cuesta entre 3.000 y 6.000 ISK (20-40 euros). La alternativa: comprar en Bónus o Krónan (supermercados económicos) y cocinar en los alojamientos. Las gasolineras N1 tienen comida caliente aceptable. El hot dog islandés —pylsur— en Bæjarins Beztu es un clásico por una razón.
Presupuesto orientativo. Para dos personas en coche de alquiler, con mezcla de camping y guesthouses, cocinando la mayoría de comidas: 350.000-500.000 ISK por semana (2.300-3.300 euros). En guesthouses con cenas fuera: 600.000-800.000 ISK por semana.
Velocidad máxima. 90 km/h en carretera abierta, 50 km/h en poblaciones, 30 km/h en grava. Los radares son frecuentes y las multas altas. Islandia no es un país donde conducir rápido tenga sentido: la velocidad te roba paisaje.
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