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Los géiseres de Islandia: Strokkur, Geysir y los que nadie menciona

La palabra 'géiser' viene del islandés Geysir. El original ya casi no erupciona, pero Strokkur, a 50 metros, lanza agua cada 6-8 minutos. Y hay docenas más en toda la isla que los turistas nunca ven.

Por Far Guides ⏱ 5 min 9 de agosto de 2026
Los géiseres de Islandia: Strokkur, Geysir y los que nadie menciona

Hay algo profundamente satisfactorio en la mecánica de un géiser: el agua subterránea se calienta por el magma cercano hasta superar el punto de ebullición, la presión acumulada en el conducto vertical supera la del agua que lo bloquea por arriba, y el resultado es una columna de agua y vapor que sale disparada hacia el cielo con una regularidad que ningún fenómeno humano puede igualar. El término “géiser” viene del nórdico antiguo gjósa, brotar, y fue el nombre que los islandeses dieron al manantial termal que en el siglo XVIII lanzaba agua a ochenta metros de altura en el valle de Haukadalur. Ese manantial se llama Geysir y es el ancestro lingüístico de todos los géiseres del mundo.

Lo que le pasó al Geysir original

Geysir fue, durante siglos, uno de los géiseres más espectaculares del planeta. Los relatos de viajeros del siglo XIX lo describen con erupciones regulares que alcanzaban alturas de treinta a ochenta metros, dependiendo de las condiciones del momento. Los terremotos islandeses del siglo XX alteraron su sistema subterráneo de manera que nadie entendió completamente, reduciendo su actividad a erupciones esporádicas y a veces a años enteros de silencio. Existe también una teoría, documentada en testimonios históricos, de que el hábito de los visitantes de arrojar jabón en el orificio del géiser para provocar erupciones artificiales contribuyó a dañar la fontanería interna de la cámara. Hoy Geysir erupciona de forma impredecible: puede explotar varias veces al día o permanecer quieto durante semanas. Los turistas que llegan al valle de Haukadalur lo miran con respeto y luego caminan los cincuenta metros hasta Strokkur.

Strokkur: la mecánica de la regularidad

Strokkur erupciona cada seis a diez minutos con una puntualidad que los relojes deberían envidiar. La columna de agua alcanza entre veinte y treinta metros de altura, a veces más, y va precedida por una burbuja azul que se forma en el orificio justo antes de la explosión: esa burbuja es lo que todos los fotógrafos esperan capturar, porque dura menos de un segundo y desaparece bajo el chorro. El truco para conseguir la foto: ponerse con el sol a la espalda, no de frente, porque el agua contra la luz pierde la esfera azul translúcida que aparece en las imágenes icónicas. Esperar con paciencia los tres o cuatro ciclos necesarios para entender el ritmo y anticipar el momento.

La zona de Haukadalur tiene, además de los dos géiseres principales, docenas de manantiales termales de diferentes temperaturas y colores, fumarolas y pequeños embudos de barro hirviente. El olor a azufre es constante pero no tan intenso como en otros campos geotérmicos. Caminar por el perímetro señalizado durante media hora permite ver la variedad completa del sistema sin entrar en ninguno de los espacios restringidos. Las marcas en el suelo no son decorativas: el agua termal puede superar los cien grados centígrados.

Los géiseres que nadie menciona

Islandia tiene varios campos geotérmicos activos con fenómenos similares a los de Haukadalur pero sin la misma masa de autobuses en el aparcamiento. Deildartunguhver, en el oeste, no es un géiser stricto sensu sino el manantial de agua caliente con mayor caudal de Europa: 180 litros por segundo a 97°C. El agua de este manantial se utiliza para calefacción en Borgarnes y Akranes, a 64 y 34 kilómetros respectivamente, transportada directamente por tubería sin apenas perder temperatura. La escala del fenómeno es industrial pero el aspecto es el de un hervidero natural en medio de un campo.

El área de Námafjall, junto al lago Mývatn en el norte, tiene los campos de fumarolas y fango hirviente más espectaculares de Islandia que no requieren excursión específica: se acceden desde la carretera 1, con un aparcamiento y un camino señalizado. Las fuentes de lodo de Hverir tienen un aspecto y un olor que hacen difícil creer que el terreno sea pisable. Los turistas que pasan por Mývatn y no se desvían a Námafjall pierden probablemente la experiencia geotérmica más visceral de su viaje.

El Blue Lagoon y lo que no es

El Blue Lagoon, cerca del aeropuerto de Keflavík, es la experiencia geotérmica más vendida de Islandia. Vale la pena aclarar qué es antes de pagar los noventa euros de entrada: no es un fenómeno natural sino el efluente caliente de la planta geotérmica de Svartsengi, que bombea agua del mar de las profundidades para generar electricidad. El agua caliente sobrante, rica en sílice, se acumula en la laguna artificial construida en un campo de lava. El color azul-lechoso se debe a la sílice en suspensión. La experiencia del baño es genuinamente buena, especialmente en invierno con vapor en el aire, pero saber qué se está visitando parece información básica que los operadores raramente proporcionan.

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