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Vestmannaeyjar: las islas Westman y el volcán que despertó en 1973

El 23 de enero de 1973, una nueva fisura volcánica se abrió en la isla de Heimaey sin previo aviso. En 5 meses, cubrió un tercio de la ciudad de lava y estuvo a punto de cerrar el puerto. La historia de cómo los islandeses lo frenaron.

Por Far Guides ⏱ 5 min 6 de septiembre de 2026
Vestmannaeyjar: las islas Westman y el volcán que despertó en 1973

A la una y media de la madrugada del 23 de enero de 1973, una fisura volcánica de dos kilómetros se abrió al este de Heimaey, la única isla habitada del archipiélago de Vestmannaeyjar, sin señal sísmica previa que hubiera permitido anticiparla. La suerte, si puede llamarse suerte, fue que la flota pesquera de la isla entera estaba en puerto esa noche por mal tiempo. En condiciones normales, los barcos habrían estado en el mar. Lo que los islandeses hicieron durante las cinco horas siguientes fue la evacuación más eficiente de la historia moderna de un asentamiento amenazado por un volcán: 5.300 personas en los barcos pesqueros hacia tierra firme, sin víctimas mortales por calor, lava o gases.

La erupción del Eldfell

El volcán que nació esa noche se llama Eldfell, “montaña de fuego” en islandés. Lo que empezó como una fisura de lava líquida fue acumulando material volcánico hasta formar un cono de 221 metros de altura en pocas semanas. El flujo de lava avanzó hacia el oeste, hacia el puerto, que era la razón de ser de la ciudad: sin puerto no hay pesca, sin pesca no hay Heimaey. Durante cinco meses, la pregunta que nadie sabía responder era si el puerto sobreviviría.

La respuesta llegó de una idea que en 1973 era experimental y no estaba probada a esa escala: enfriar el frente de lava con agua de mar. El proyecto, llamado en inglés Cooling 1973, fue impulsado por el geólogo Þorbjörn Sigurgeirsson contra el escepticismo inicial de buena parte de la comunidad científica. Se instalaron cuarenta y siete bombas de agua en el frente de lava, bombeando 6,2 millones de litros de agua marina al día. El hielo artificial que se formaba al contacto del agua con la lava frenaba el avance del flujo, metro a metro. Funcionó con una precisión que nadie esperaba: el puerto quedó casi exactamente como antes de la erupción, y en algunos aspectos mejoró, porque el flujo de lava que llenó parte de la bahía hizo que la entrada del puerto quedara más protegida del viento del norte.

Lo que quedó debajo

Cuando la erupción terminó, en julio de 1973, un tercio de la ciudad de Heimaey estaba bajo la lava o las cenizas. Cuatrocientas casas habían desaparecido bajo metros de material volcánico. Los islandeses volvieron a la isla en verano y empezaron a reconstruir; para 1974, la mayoría había regresado. El calor del suelo duró años: se llegó a usar para calefacción urbana directa, pasando tubos de agua bajo las capas de lava reciente.

El museo Eldheimar, inaugurado en 2014 en el centro de Heimaey, está construido literalmente alrededor de una de las casas sepultadas por la erupción. El edificio de cristal y acero permite ver la casa intacta bajo metros de ceniza solidificada, con los muebles y los objetos domésticos en la posición en que los dejó la familia al evacuar. Es un museo de arqueología del presente: no de un pasado remoto sino de hace cincuenta años. La escala de lo que ocurrió, que los números y los mapas no terminan de transmitir, se entiende al ver una sala de estar con una lámpara de pie todavía bajo la ceniza.

La colonia de frailecillos más grande del mundo

Vestmannaeyjar tiene entre ocho y diez millones de frailecillos (Fratercula arctica) distribuidos en las colonias de las islas deshabitadas del archipiélago y en los acantilados de Heimaey. Es la colonia más grande del mundo. Los frailecillos llegan en mayo, anidan en madrigueras que excavan en la tierra blanda de los acantilados, crían sus polluelos y vuelven al mar en agosto. Durante esas semanas, la zona de los acantilados al sur de Heimaey tiene una densidad de frailecillos que resulta difícil de creer hasta que se ve.

La tradición del Póngur (en inglés a veces llamada “puffin rescue”) ocurre en agosto: los polluelos de frailecillo, cuando salen de las madrigueras por primera vez, se orientan por la luz lunar para encontrar el mar. Las luces de la ciudad los confunden, y aterrizan en las calles en lugar de en el océano. Los niños de Heimaey salen por las noches a recogerlos con bolsas de tela, los guardan hasta el amanecer y los llevan a la costa para lanzarlos al mar. No hay organización formal: es simplemente lo que se hace.

Cómo llegar

El ferry desde Landeyjahöfn, en la costa sur de Islandia, tarda treinta y cinco minutos y hace varios viajes al día. En invierno, cuando el tiempo es malo, el servicio puede cancelarse y Vestmannaeyjar queda temporalmente aislada. También hay vuelos directos desde Reikiavik (veinte y cinco minutos, Eagle Air). La isla de Heimaey tiene suficiente para un día completo o para dos días con más calma.

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