El sur de Uzbekistán: Termez y el Kashkadarya
Termez fue la ciudad más meridional del Imperio soviético y uno de los primeros centros budistas de Asia Central. El sur de Uzbekistán tiene tres capas históricas que la mayoría de viajeros ignoran.
Termez está en el extremo sur de Uzbekistán, en la orilla del Amu Darya —el antiguo Oxus de los griegos— mirando hacia Afganistán al otro lado del río. Durante la guerra soviético-afgana (1979-1989), el puente de Termez fue el punto por el que pasaron los tanques y los convoyes militares hacia el sur. Fue la ciudad más meridional del Imperio soviético, y esa posición fronteriza le dio durante décadas una atmósfera de ciudad militarizada cerrada al mundo exterior.
Lo que muy pocos visitantes saben es que Termez, antes de ser una ciudad soviética, fue uno de los centros budistas más importantes de Asia Central, con una historia que se remonta al siglo III a.C. y que incluye monasterios rupestres, estupas y esculturas de una calidad que iguala a cualquier cosa que el budismo gandhárico produjo en el sur de Asia.
El budismo en el Oxus
El budismo llegó a la región de Termez desde la India siguiendo las redes comerciales de los kushan, una potencia centroasiática que durante los siglos I al IV d.C. controló un territorio que incluía Afganistán, Pakistán, el norte de India y el valle del Amu Darya. Los kushan eran una civilización de síntesis: greco-bactrianos en su origen, iranios en su lengua, budistas en su religión oficial. Sus monedas muestran a Buda junto a Heracles y a Ahura Mazda en el mismo reverso.
El sitio arqueológico de Kara-Tepe, en las afueras de Termez, es el más extraordinario de esta herencia: un monasterio budista tallado en los acantilados de arenisca sobre el Amu Darya, con celdas de monjes, salas de culto, pasadizos subterráneos y pinturas murales que los arqueólogos han ido recuperando desde los años sesenta. Las excavaciones continúan: Kara-Tepe tiene capas que la arqueología todavía no ha alcanzado.
Fayaz-Tepe, a unos tres kilómetros del anterior, es un monasterio budista de superficie mejor conservado, con restos de una stupa central y pinturas que muestran la iconografía del budismo gandhárico: el Buda con rasgos helenísticos, los bodhisattvas vestidos en telas que recuerdan a los drapeados de la escultura griega. Estas pinturas son del siglo I-II d.C. y son algunas de las más antiguas del mundo budista.
Alejandro en el Oxus
Antes del budismo, Termez tuvo otra capa histórica: la helenística. Alejandro Magno cruzó el Amu Darya en el 329 a.C. en su campaña hacia Asia Central y fundó varias ciudades en la región, algunas de las cuales han sido identificadas por la arqueología. La que corresponde al emplazamiento de la Termez antigua —a veces referida como Alexandria-on-the-Oxus— fue una ciudad helenística con templos, ágora y un sistema de acueductos que funcionó durante varios siglos antes de ser absorbida por las culturas locales.
Lo que quedó de esta fundación es escaso —la reutilización de materiales de construcción y las sucesivas capas de ocupación borraron la mayor parte—, pero el museo arqueológico de Termez tiene una colección de piezas helenísticas, budistas y preislámicas que cuenta esta historia de superposición cultural de forma coherente.
Shakhrisabz: la ciudad antes del palacio
Hacia el norte, antes de alcanzar la llanura central de Uzbekistán, está Shakhrisabz: la ciudad natal de Tamerlán, que fue su capital antes de que Samarcanda asumiera ese papel. El monumento principal —el arco de Ak-Saray— es todo lo que queda de la entrada al palacio que Tamerlán construyó en su ciudad natal con los artesanos y materiales traídos de sus conquistas. La inscripción del arco, atribuida al propio Tamerlán, decía: “Si dudas de nuestro poder, mira nuestros edificios.” El arco tiene cuarenta metros de altura y era la puerta de un palacio que, según las fuentes de la época, era el más grande del mundo conocido.
Lo que ha desaparecido —el palacio en sí— es tan enorme en su ausencia como lo que queda. Las dos torres del arco, decoradas con azulejos azul-turquesa en un estado de conservación notable, dejan ver qué clase de entrada tenía ese edificio. Proyectar desde ellas la escala del conjunto que hubo detrás requiere imaginación, pero los planos arqueológicos de los que se dispone dan unas dimensiones que hacen que el Registán de Samarcanda parezca modesto en comparación.
Cómo incorporar el sur al itinerario
El sur de Uzbekistán no es fácil de encajar en un itinerario de dos semanas que ya incluye el circuito clásico. Las opciones son dos: dedicar un día entero a Shakhrisabz como excursión desde Samarcanda (es lo que hacen la mayoría de los viajeros que se desvían del eje principal), o añadir Termez como destino específico si el interés por la arqueología budista justifica los días extra.
Termez tiene conexión de vuelo con Tashkent (una hora), lo que la hace más accesible de lo que su posición en el mapa sugiere. Para quien tiene tiempo y la arqueología centroasiática como interés principal, pasar dos noches en Termez —visitando Kara-Tepe, Fayaz-Tepe, el museo arqueológico y las ruinas del Termez medieval islámico— es una experiencia sin equivalente en Uzbekistán.
La mayor parte de los viajeros que recorren el país se concentran en el eje Tashkent-Samarcanda-Bujará-Khiva. Ese eje es lo mejor de Uzbekistán, pero no es todo Uzbekistán. El sur —con sus tres milenios de historia superpuesta, su frontera con Afganistán, su herencia budista única en Asia Central— es el recordatorio de que la historia de la región tiene más capas de las que cualquier itinerario de dos semanas puede ver.
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