Montenegro en septiembre: por qué es el mejor mes para ir
El mar sigue caliente, los precios bajan un 30-40%, los turistas desaparecen. Septiembre es el mes en que Montenegro muestra su mejor cara.
El primer fin de semana de septiembre algo cambia en la costa montenegrina. No es un cambio dramático ni inmediato, pero es perceptible para quien ha estado allí también en agosto. Los aparcamientos de las playas tienen espacio. Las terrazas de los restaurantes tienen mesas libres. El precio de una hamaca en la playa de Sveti Stefan baja de veintidós euros a catorce. Los precios de los apartamentos caen entre un treinta y un cuarenta por ciento. Los turistas de los países del Golfo —que colonizaban la primera línea de costa en agosto— han vuelto a casa. La costa se respira.
El Adriático en septiembre tiene veinticinco o veintiséis grados. El agua está en su punto más cálido del año —tarda meses en alcanzar esa temperatura y tarda meses en enfriarla— lo que significa que septiembre ofrece un mar más caliente que junio con una fracción del tráfico de agosto. La temperatura del aire en la costa ronda los veinticinco o veintiocho grados, con noches que empiezan a ser agradables. La lluvia es rara, aunque hacia el final del mes —en la tercera o cuarta semana— las primeras tormentas otoñales pueden aparecer con poca advertencia, especialmente en las zonas de montaña.
La vendimia del Vranac
Septiembre y octubre son los meses de la vendimia del Vranac en la región de Podgorica y Crmnica. El Vranac —uva tinta autóctona de Montenegro— produce racimos densos y oscuros que los viticultores locales recogen a mano en las fincas que rodean el lago Skadar. En el pueblo de Virpazar, la temporada de vendimia se celebra con festivales locales donde el vino nuevo —áspero, muy joven, completamente diferente del embotellado— se ofrece junto con comida tradicional.
Visitar la región del Skadar en septiembre tiene una dimensión añadida que julio y agosto no tienen: los viñedos en su momento de máxima actividad, el paisaje del lago con la luz más baja y más dorada del otoño temprano, y la posibilidad de participar —aunque sea como espectador— en la vendimia que define la producción vinícola del país. Los restaurantes de Virpazar, que en agosto están saturados de turistas, tienen en septiembre la calma de los establecimientos que vuelven a su ritmo natural.
Los mercados: la temporada de los higos y la granada
Los mercados montenegrinos en septiembre son un estado diferente al de agosto. Las mesas de los vendedores siguen llenas, pero el contenido cambia: las sandías y los tomates de verano ceden espacio a los higos maduros —algunas variedades locales que no llegan a los mercados europeos— las granadas de los huertos del interior, las uvas de múltiples variedades, los pimientos para asar. El aceite de oliva nuevo de los olivares de Bar y Ulcinj empezará a estar disponible en octubre, pero en septiembre los aceituneros ya trabajan en los árboles más tempranos.
En los mercados de Podgorica y Bar, la abundancia de septiembre tiene una calidad que el turismo masivo de agosto oscurece: es la cosecha real del país, no el abastecimiento de hoteles. Los precios son los de siempre, bajos, sin el margen turístico de la costa en temporada alta.
El interior en septiembre
El Parque Nacional de Durmitor en septiembre es quizás el momento óptimo del año. Las pistas de senderismo están despejadas, la vegetación ha empezado a cambiar de color —los hayas del macizo del Bjelasica y los arces de Biogradska Gora tienen hojas que van del verde al amarillo al naranja en el transcurso del mes— y las temperaturas en altitud son perfectas para caminar: frescos por la mañana, templados al mediodía. Las noches en Žabljak en septiembre pueden acercarse a los cinco o diez grados, lo que requiere algo de ropa de abrigo pero es parte del atractivo.
El rafting en el Tara sigue operando hasta mediados de octubre. En septiembre el río ha bajado de nivel respecto a mayo-junio, lo que hace que los rápidos sean menos intensos pero que el entorno —el bosque de las orillas en sus colores de principio de otoño, el agua que mantiene su transparencia extraordinaria— sea quizás más bello.
Lo que cierra en septiembre y lo que no
La advertencia honesta para quien planifica un viaje en septiembre: algunos servicios de temporada empiezan a reducirse en la segunda quincena del mes. Los chiringuitos y beach bars de algunas playas (especialmente las más pequeñas y menos urbanas) cierran o reducen horario a partir de mediados de septiembre. Los autobuses inter-ciudad siguen circulando pero con frecuencia algo menor que en agosto. Los alquileres de kayak y equipos de actividades acuáticas en la bahía de Kotor empiezan a cerrar a partir de la tercera semana.
Sin embargo, los restaurantes, los hoteles y los monumentos principales permanecen abiertos. Los museos de Cetinje, el acceso al mausoleo de Lovćen, la entrada a Kotor, el servicio de ferri de la bahía: todo opera con normalidad hasta bien entrado octubre. La reducción de servicios de septiembre afecta a las actividades de ocio más efímeras, no a la infraestructura turística de base.
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