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Bar: la ciudad del olivo más viejo del Mediterráneo

La ciudad portuaria que conecta Montenegro con Italia tiene un olivo de más de 2.000 años, unas ruinas medievales destruidas por un terremoto y un tren a Belgrado.

Por Far Guides ⏱ 5 min 27 de julio de 2026
Bar: la ciudad del olivo más viejo del Mediterráneo

En el barrio de Mirovica, en el municipio de Bar, hay un olivo que lleva aquí más tiempo que cualquier ciudad de Montenegro. Los dendrocronólogos —los científicos que datan los árboles por los anillos del tronco— lo sitúan entre dos mil y dos mil doscientos años. Algunos estudios independientes han llegado a fechas más ambiciosas aún. La certeza no es posible: el olivo es hueco en su parte central, lo que impide el conteo de anillos completo. Pero incluso con los márgenes de error habituales en este tipo de datación, el árbol ya estaba aquí cuando los romanos construían las primeras calzadas de los Balcanes.

La leyenda local dice que lo plantaron los griegos, colonizadores que llegaron a esta costa varios siglos antes de Cristo. La historia es inverificable pero sensorialmente plausible: el árbol tiene el aspecto de algo que ha sobrevivido milenios de sequías, guerras y terremotos con la indiferencia majestuosa de los seres vivos que miden el tiempo en siglos. El tronco está retorcido sobre sí mismo en espirales que parecen el resultado de fuerzas geológicas más que de un crecimiento vegetal convencional. Sigue produciendo aceitunas cada otoño.

Stari Bar: la ciudad que el terremoto dejó

Cuatro kilómetros tierra adentro desde el puerto de Bar, en una ladera rocosa entre colinas cubiertas de olivares, está Stari Bar —la Antigua Bar— o más exactamente lo que queda de ella. El terremoto de 1979 destruyó partes de Stari Bar que el paso de los siglos había respetado, y la decisión posterior fue no reconstruir sino consolidar las ruinas y convertirlas en un espacio arqueológico visitables.

La ciudad medieval de Bar fue fundada en el siglo IX y alcanzó su apogeo bajo el dominio veneciano (1443-1571) y luego otomano (1571-1878). En esos siglos fue un centro comercial y administrativo de importancia regional: tenía catedral, mezquita, baños, aqueductos romanos. El terremoto de 1979 —el mismo que destruyó gran parte de Kotor y de la costa montenegrina— afectó a Stari Bar de manera desigual: algunos edificios colapsaron, otros sobrevivieron dañados, y otros resistieron con sorprendente integridad.

Hoy, el recinto de Stari Bar es uno de los yacimientos arqueológicos más evocadores de los Balcanes. Las ruinas se mezclan con olivares centenarios; hay calles empedradas que conducen a casas sin techo que permiten ver el cielo desde lo que fue una habitación privada. La iglesia de Santa Catalina, del siglo XV, conserva la fachada de piedra tallada a pesar de tener el interior abierto al cielo desde hace décadas. La mezquita otomana tiene el minarete intacto y el interior vacío.

La entrada cuesta tres o cuatro euros. El mejor momento para visitar es la mañana temprana, cuando la luz lateral ilumina la piedra de las ruinas y no hay grupos. En agosto el calor en la ladera puede ser considerable.

El puerto y el ferry a Bari

Bar es el único puerto de contenedores de Montenegro y la única conexión marítima regular del país con Europa occidental. El ferry de Jadrolinija entre Bar y Bari (Italia) opera durante todo el año: la travesía dura entre nueve y once horas dependiendo del barco, los billetes cuestan entre cuarenta y cien euros por persona según temporada y tipo de cabina. Para quien viaja desde Italia hacia Montenegro o viceversa es una alternativa al vuelo que permite llevar el coche y disfrutar de la travesía del Adriático.

El puerto tiene la estética industrial de los puertos de trabajo: grúas, contenedores, camiones. No es un lugar con encanto, pero funciona, lo cual es lo que un puerto necesita. Las afueras de Bar, en dirección norte hacia Budva, tienen la acumulación de bloques de apartamentos y comercios de los años ochenta que caracteriza a las ciudades montenegrinas que crecieron sin planificación durante la era yugoslava.

El tren Bar-Belgrado

La línea de tren que conecta Bar con Belgrado es una de las obras de ingeniería ferroviaria más extraordinarias de Europa, construida entre 1959 y 1976 en condiciones técnicas y geográficas que en varios momentos parecieron insuperables. Los números dan la escala del proyecto: cuatrocientos setenta y cinco kilómetros de vía, doscientos cincuenta y cuatro túneles, cuatrocientos treinta y cinco puentes, con la cresta del recorrido superando los mil metros de altitud en el interior montenegrino.

El viaducto de Mala Rijeka —una de las estructuras del recorrido— fue durante varios años el puente ferroviario más alto del mundo cuando se inauguró en 1976, con sus pilares de casi doscientos metros de altura sobre el fondo del valle. El tren tarda entre diez y doce horas en completar el recorrido completo. Hay un servicio diario. Para quien tiene tiempo y quiere ver el interior de los Balcanes desde la ventanilla de un tren, es una de las experiencias ferroviarias más memorables del continente.

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