Historia de Montenegro: del reino de Zeta a la independencia
El único territorio de los Balcanes que nunca fue completamente conquistado por los otomanos. Una historia de resistencia en la montaña que explica quién es Montenegro hoy.
En 2006, en el referéndum de independencia de Montenegro, el 55,5% de los ciudadanos votó a favor de separarse de la unión con Serbia. El umbral requerido por la Unión Europea para reconocer el resultado era del 55%. Montenegro se independizó por 0,5 puntos porcentuales, con apenas dos mil cuatrocientos votos de margen sobre el mínimo necesario. Fue el final de un proceso que había tardado, dependiendo de desde dónde se cuente, entre quince años y varios siglos.
Contar la historia de Montenegro es contar la historia de un territorio que construyó su identidad en torno a una idea extraordinariamente sencilla y extraordinariamente difícil de sostener: la resistencia. El nombre lo dice todo. Monte Negro. La montaña negra que los venecianos veían desde el mar, oscura por el bosque de pinos, y que nadie —ni los romanos, ni los bizantinos, ni los otomanos— logró controlar completamente.
El reino de Zeta
Antes de Montenegro existió Zeta, el principado medieval cuyo territorio coincide aproximadamente con el Montenegro moderno. Zeta alcanzó su mayor extensión en el siglo XV bajo la familia Balšić y luego bajo los Crnojević, cuyo nombre —Crnojević, que significa “de los negros”, por el monte Lovćen— daría eventualmente lugar al nombre del país.
La caída de Constantinopla en 1453 y el avance otomano por los Balcanes transformaron el mapa de la región de manera radical. Los estados medievales balcánicos fueron cayendo uno a uno: Serbia en 1459, Bosnia en 1463, Herzegovina en 1482. Zeta resistió parcialmente. El señor Ivan Crnojević trasladó la capital a Cetinje en 1482 y construyó allí el primer monasterio que serviría de sede del poder espiritual y político. Los otomanos controlaron las llanuras y la costa; las montañas del interior quedaron en una zona de resistencia intermitente.
La resistencia montañera y los vladike
Lo que siguió durante los tres siglos siguientes es difícil de resumir sin caer en la hagiografía que el nacionalismo montenegrino ha elaborado sobre ese período. La realidad histórica es que los Montenegro nunca fueron conquistados completamente, pero que tampoco eran un estado en ningún sentido moderno: eran un conjunto de clanes con lealtades inestables, gobernados por obispos-príncipes llamados vladike, que combinaban la autoridad religiosa ortodoxa con el liderazgo militar y político.
El cargo de vladika era hereditario dentro de la familia Petrović-Njegoš, transmitido de tío a sobrino para eludir el celibato eclesiástico. Esta solución pragmática a la contradicción entre el poder hereditario y las reglas monásticas dice algo sobre el pragmatismo que caracterizó al Estado montenegrino: las reglas existían para ser adaptadas cuando la supervivencia lo requería.
El más célebre de los vladike fue Petar II Petrović-Njegoš (1813-1851), poeta y estadista que escribió la Gorski vijenac (La corona de la montaña), el poema épico considerado la obra fundacional de la literatura montenegrina. Njegoš logró que Rusia reconociera a Montenegro como estado protegido, desarrolló las primeras estructuras administrativas modernas del principado y dejó un legado cultural que el país sigue reclamando como propio.
La independencia y el reino
El Congreso de Berlín de 1878, convocado para redistribuir los territorios balcánicos tras la guerra ruso-turca, reconoció formalmente la independencia de Montenegro como principado. Treinta y dos años después, en 1910, el príncipe Nikola I proclamó el reino y se convirtió en rey. Montenegro era en ese momento el estado soberano más pequeño de Europa —con apenas doscientos setenta mil habitantes— y uno de los más singulares: un reino de montaña que había sobrevivido a los grandes imperios por la combinación de la geografía y la obstinación.
La Primera Guerra Mundial terminó con el reino. Montenegro entró en guerra en 1914 al lado de Serbia y fue ocupado por Austria-Hungría en 1916. Cuando la guerra terminó, el rey Nikola I —que había huido al exilio— fue depuesto y Montenegro fue absorbido en el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, que luego se convertiría en Yugoslavia. El final de la independencia fue traumático y el debate sobre su legitimidad divide todavía hoy a los montenegrinos.
Yugoslavia y el referéndum de 2006
En la Yugoslavia de Tito, Montenegro fue una de las seis repúblicas constituyentes. Cuando la federación empezó a desintegrarse a principios de los noventa, Montenegro inicialmente votó permanecer unido a Serbia en el referéndum de 1992. Durante los años de las guerras yugoslavas y las sanciones internacionales, Montenegro fue gradualmente adoptando una posición más autónoma. El proceso culminó en el referéndum del 21 de mayo de 2006.
Desde entonces, Montenegro ha seguido una trayectoria de integración occidental acelerada: ingresó en la OTAN en 2017 y es candidato oficial a la adhesión a la Unión Europea. El peso de esa historia —la resistencia, la independencia perdida y recobrada, la pequeñez que siempre ha tenido que demostrar su valor— está presente en cada conversación sobre qué es y qué quiere ser este país de seiscientos mil habitantes en el corazón de los Balcanes.
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