Las cascadas de Islandia: Skógafoss, Seljalandsfoss y las que importan
Islandia tiene miles de cascadas. Dos son famosas. Unas pocas más merecen el desvío. El resto son parte del paisaje que te acompaña en la Ring Road sin que nadie les haya puesto nombre turístico.
A unos cien kilómetros al este de Reikiavik por la Ring Road, el paisaje de la costa sur empieza a comportarse de una manera particular. Las montañas que han estado en el horizonte sur se acercan hasta casi tocar la carretera, y de sus acantilados caen cascadas con una regularidad que al principio impresiona y después se vuelve, increíblemente, algo casi ordinario. Hay días en que se pasan veinte cascadas sin nombre en una hora de conducción por la costa sur de Islandia. La razón no es misteriosa: los glaciares en lo alto de los acantilados se deshielen continuamente en verano, y el agua busca el camino más rápido hacia el mar.
Seljalandsfoss: la que se puede rodear
Seljalandsfoss cae desde sesenta metros sobre un saliente de roca que permite lo que muy pocas cascadas del mundo permiten: caminar detrás del agua. Hay un camino que rodea la base y entra en el espacio entre la pared de roca y la cortina de agua, desde donde la vista hacia fuera, con el velo líquido en primer plano y el paisaje de la costa sur al fondo, tiene algo de íntimo y de espectacular al mismo tiempo. La ropa impermeable no es opcional: el spray que genera la cascada empapa con eficacia cualquier capa que no sea completamente resistente al agua.
Lo que la mayoría de los visitantes no sabe es que a unos quinientos metros al sur, siguiendo el camino junto al acantilado, hay una cascada secundaria llamada Gljúfrabúi que ningún cartel señala y que requiere vadear un río pequeño (menos de treinta centímetros de profundidad en condiciones normales) para entrar en una ranura en la roca. La cascada cae dentro de una cueva: desde el exterior solo se ve el vapor. Desde dentro, con el sonido del agua rebotando en las paredes y la luz filtrándose por arriba, es una de las experiencias más memorables de la costa sur de Islandia. El precio de la entrada es mojarse los pies.
Skógafoss: la escala
Skógafoss tiene sesenta y dos metros de caída y veinticinco metros de ancho, y esa amplitud es lo que la distingue: mientras Seljalandsfoss es una cascada que se abraza, Skógafoss es una que aplasta. El volumen de agua es de los mayores de Islandia. En los días de sol, los arcoíris dobles en la nube de vapor son la imagen más repetida del país en redes sociales, lo cual no les resta mérito propio.
Al lado derecho de la cascada hay una escalinata de quinientos veintisiete escalones que sube hasta el plateau sobre el cual el río Skógar viene del glaciar Eyjafjallajökull. El mismo glaciar cuya erupción de 2010 paralizó el espacio aéreo europeo durante seis días. Desde arriba, la vista hacia el océano por encima del velo de la cascada justifica el esfuerzo con amplitud. El río Skógar sigue hacia el interior entre volcanes y glaciares: el sendero que lo remonta (el Fimmvörðuháls) llega hasta Þórsmörk en dos días y pasa entre los cráteres que abrió la erupción de 2010.
Dettifoss: la potencia
En el norte de Islandia, en el Parque Nacional de Vatnajökull, Dettifoss tiene la estadística que lo define: ciento noventa y tres metros cúbicos de agua por segundo de media, lo que lo convierte en la cascada con mayor caudal de Europa. El agua no es azul ni verde: es gris-marrón por los sedimentos glaciares que arrastra desde el Vatnajökull. Fotografiada, no es la más hermosa. Visitada, es la que más impresión deja porque la escala del sonido y la vibración del suelo no tienen equivalente entre las cascadas europeas. Prometheus, de Ridley Scott, abrió con una secuencia filmada en Dettifoss.
Goðafoss: la historia
A pocos kilómetros al oeste de Akureyri, Goðafoss es el “salto de los dioses”: según la saga de Njál, fue aquí donde Þorgeirr Þorkelsson, el líder jurídico del Alþing, arrojó las estatuas de los dioses nórdicos al agua el año 1000 después de que la asamblea decidiera convertirse al cristianismo. La cascada no necesita la historia para tener mérito —tiene doce metros de caída y treinta de anchura, con una forma curva que la hace fotogénicamente perfecta— pero la historia la convierte en el único punto de Islandia donde la mitología, la política y la geografía coinciden en el mismo espacio.
El resto de cascadas de Islandia, los miles sin nombre, no merecen desvíos ni planificación. Merecen simplemente que uno pare el coche, salga, mire durante dos minutos y siga. En la costa sur, esto ocurre con una frecuencia que ningún otro país europeo puede igualar.
La guía completa de Islandia de Far Guides incluye rutas detalladas por toda la isla, mapas interactivos y toda la información práctica para organizar tu Ring Road y más.
También te puede interesar
¿Quieres la guía completa?
Todos los detalles, mapas interactivos y recomendaciones actualizadas.
Conseguir la guía de Islandia — 19,99€