Fotografiar Islandia: el paisaje que no perdona el error
Islandia es el destino fotográfico más exigente de Europa. La luz cambia en minutos, el viento es impredecible y las condiciones pueden pasar de perfectas a imposibles en media hora. Cómo prepararse.
Hay un tipo de foto de Islandia que aparece en todas las revistas de viaje: la hora dorada sobre el volcán Kirkjufell, con la cascada Kirkjufellsfoss en primer plano y el cielo naranja al fondo. Es una fotografía genuinamente buena y su ubicuidad no la hace menos válida. Lo que no cuenta es lo que hay alrededor de ella: el trípode clavado en el suelo con ráfagas de treinta nudos, el fotógrafo con dos chaquetas y guantes impermeables esperando que las nubes abran exactamente el ángulo correcto, y la docena de intentos fallidos antes de la que funcionó. Fotografiar Islandia bien no es difícil en el sentido técnico. Es difícil en el sentido de que el país no espera a que uno esté listo.
La luz que lo cambia todo
La razón por la que Islandia es un destino fotográfico excepcional no tiene que ver con sus paisajes únicos (que son únicos) sino con el ángulo de luz. En latitudes altas, el sol nunca llega al cénit que alcanza en el Mediterráneo o el trópico: incluso en verano, el sol islandés viaja bajo en el horizonte, lo que produce una luz lateral y dorada que en latitudes más bajas solo existe durante la media hora de la hora mágica. En Islandia, esa media hora puede durar cuatro horas en verano o aparecer durante breves intervalos en invierno entre las tormentas.
En junio, la hora dorada de la tarde empieza alrededor de las diez de la noche y puede mantenerse hasta la medianoche: el sol, que ya no se pone, baja hacia el horizonte norte y produce la luz más larga y dorada posible. En septiembre, hay dos horas doradas genuinas, una matutina y otra vespertina, más breves pero más intensas en color. En diciembre, el sol sale a las once y se pone a las cuatro: son cinco horas de luz, pero toda ella con ángulo bajo y calidad fotográfica alta.
El trípode no es opcional
El viento islandés puede superar los cien kilómetros por hora sin que haya alerta meteorológica de ningún tipo: los vientos de ese nivel son lo bastante frecuentes como para que los islandeses los consideren tiempo normal. Un trípode ultraligero de carbono de viaje, el tipo que pesa menos de un kilo y se pliega en treinta centímetros, puede quedar inestable con veinte nudos de viento. La diferencia entre fotos nítidas y fotos movidas en exposiciones de cuatro segundos frente a Dettifoss o Jökulsárlón es la diferencia entre un trípode que pesa dos kilos y uno que no.
Las cabezas de bola baratas tienen el mismo problema: la fricción no aguanta el peso de una lente de 70-200mm con viento lateral. Una rótula de calidad media con buen sistema de bloqueo es inversión suficiente para que el trípode no sea el elemento débil del sistema.
Proteger el equipo del agua
Las cascadas islandesas no producen spray: producen una lluvia horizontal que puede mojar completamente una cámara en treinta segundos a cinco metros de distancia. Seljalandsfoss es el caso más claro, pero Skógafoss y Dettifoss tienen el mismo efecto en días con viento. Las fundas impermeables tipo rain cover que se venden para mochilas no sirven para cámaras en estas condiciones: se necesita una funda específica para cámara o, en el caso de cámaras con sellado, secar el equipo inmediatamente después de cada exposición a la humedad intensa.
Los paños de microfibra en cantidad son equipamiento estándar. El frío también: las baterías de litio pierden capacidad rápidamente por debajo de cero grados. Llevar siempre baterías de reserva precalentadas en los bolsillos interiores.
Los filtros que cambian la fotografía de paisaje
El filtro polarizador circular es el más útil en Islandia: corta los reflejos en el agua de los ríos y las lagunas, satura los colores de la vegetación y del cielo, y es especialmente efectivo en la laguna glaciar de Jökulsárlón, donde el azul de los témpanos se intensifica notablemente con el polarizador. No funciona con auroras (no hay luz que polarizar) y no sirve si el sol está directamente detrás del objetivo.
Los filtros ND (densidad neutra) de 6 a 10 pasos permiten hacer exposiciones largas en pleno día para suavizar el movimiento del agua en las cascadas o del cielo en movimiento. En verano, con tanta luz, sin filtro ND es prácticamente imposible hacer una exposición de más de un segundo sin quemar la imagen.
Kirkjufell y la honestidad de los clásicos
El monte Kirkjufell (463 metros, en la peninsula de Snæfellsnes cerca de Grundarfjörður) es el más fotografiado de Islandia. Su forma cónica y simétrica con la cascada Kirkjufellsfoss en primer plano produce una composición que funciona con luz de aurora, luz de verano y luz de invierno. Que sea la imagen más repetida de Islandia no significa que deba evitarse: significa que hay una razón para que todos hayan ido hasta allí. La fotografía honesta de un lugar clásico exige condiciones y paciencia, no originalidad forzada.
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