Karnak: el templo que Egipto tardó 2.000 años en construir
Karnak no es un templo: es una ciudad religiosa de 100 hectáreas que 30 faraones diferentes ampliaron durante 2.000 años. La escala hace que el Partenón parezca un edificio pequeño.
Hay un momento, cuando se entra por la primera puerta de Karnak y el eje del templo se abre ante uno, en que la escala deja de ser un concepto abstracto y se convierte en algo físico. No es que las columnas sean altas: es que el horizonte se llena de columnas. Hay 134 en la Sala Hipóstila, las doce centrales de 21 metros de altura cada una, y están tan juntas que la luz llega entre ellas en tiras oblicuas que hacen pensar en el interior de un bosque muy viejo. Diez catedrales de Notre-Dame cabrían dentro del recinto amurallado de Karnak. Esto no es una metáfora de guía turística: es geometría comparada.
Una institución, no un edificio
Los egipcios llamaban a este lugar Ipet-sut, “el más sagrado de los lugares”. Los arqueólogos modernos lo llaman complejo, porque llamarlo templo sería impreciso. Lo que hay aquí es el resultado de dos mil años de construcción acumulativa: desde los faraones del Imperio Medio (siglo XX a.C.) hasta el período ptolemaico (siglos III-I a.C.), treinta faraones distintos añadieron, ampliaron, derribaron y reconstruyeron partes de este conjunto. Cada nuevo gobernante quería dejar su marca, lo que convirtió Karnak en un palimpsesto arquitectónico de una complejidad extraordinaria.
El núcleo del complejo es el Gran Templo de Amón-Ra, el dios principal de Tebas y, durante el Imperio Nuevo, el dios principal de todo Egipto. Amón era la divinidad del viento y lo oculto, luego fusionado con Ra, el dios solar, en la figura sincrética de Amón-Ra. El poder del clero de Amón en Karnak llegó a ser tan grande durante el Imperio Nuevo que llegó a rivalizar con el poder del faraón: los sacerdotes del templo controlaban tierras, ejércitos y fortunas. El faraón Akhenaton, a mediados del siglo XIV a.C., intentó suprimir el culto a Amón precisamente para romper ese poder. Fracasó, y su sucesor Tutankamón restauró todo.
La Sala Hipóstila
La gran nave de la Sala Hipóstila fue construida principalmente por Seti I y terminada por Ramsés II en el siglo XIII a.C. Sus dimensiones son 102 metros de largo por 53 de ancho. Los relieves que cubren cada centímetro de las columnas y los muros fueron pintados originalmente con colores brillantes: azul, verde, ocre, rojo. Lo que pocos viajeros saben, y que hace que la visita actual sea algo más melancólica de lo que podría ser, es que a mediados del siglo XIX estos colores todavía existían en gran parte. Los dibujantes de las expediciones científicas del XIX registraron combinaciones cromáticas que el turismo y la exposición al exterior han ido borrando gradualmente. Lo que se ve hoy es una versión desteñida de lo que existió.
La mejor luz en la Sala Hipóstila ocurre entre las 8 y las 10 de la mañana, cuando el sol todavía está lo bastante bajo para colarse entre las columnas desde el eje este-oeste y crear esas rayas de luz interior que hacen que el espacio sea fotogéficamente único. Después de las 11, la luz es cenital y el espacio pierde parte de su dramatismo.
El lago sagrado y los detalles
El lago sagrado —una piscina rectangular de agua que los sacerdotes usaban para purificarse ritualmente antes de las ceremonias— está en el sur del complejo, bordeado de columnas y con un gran escarabajo de piedra sobre un pedestal circular. El escarabajo representa a Jepri, el dios del sol naciente. La tradición turística local dice que hay que dar siete vueltas alrededor del pedestal para que se cumplan los deseos. No hay documentación antigua que respalde esta práctica, pero el desgaste del suelo alrededor del pedestal es elocuente.
Los obeliscos de la reina Hatshepsut —dos originalmente, uno todavía en pie— miden 29 metros y son los más altos de Egipto. Hatshepsut los hizo recubrir de electro, una aleación de oro y plata, de modo que los rayos del sol al alba los iluminaban desde la distancia. Tutmosis III, su sucesor y stepson que la odió con una intensidad que lo llevó a intentar borrar sistemáticamente su imagen de todos los monumentos, los hizo rodear de muros de piedra para que no se vieran. Los muros han desaparecido; los obeliscos siguen en pie.
La Avenida de las Esfinges
Karnak y el Templo de Luxor, tres kilómetros al sur, estaban conectados por una avenida flanqueada por esfinges con cabeza de carnero, el animal sagrado de Amón. Durante el festival de Opet, la estatua del dios viajaba desde Karnak al Templo de Luxor en procesión, escoltada por el faraón y el clero. La avenida fue excavada y restaurada en su mayor parte en los años noventa y ahora se puede recorrer a pie, aunque la visita nocturna a Karnak (el espectáculo de luz y sonido) da una idea de su escala que la visión diurna no siempre transmite igual.
Llegar a Karnak antes que los cruceros —antes de las 8 de la mañana— es la diferencia entre experimentar el lugar y aguantar sus multitudes.
La guía completa de Egipto de Far Guides incluye rutas detalladas por el valle del Nilo, mapas interactivos y toda la información práctica para organizar tu viaje por libre.
También te puede interesar
¿Quieres la guía completa?
Todos los detalles, mapas interactivos y recomendaciones actualizadas.
Conseguir la guía de Egipto — 19,99€