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Alejandría: la ciudad que fue capital del mundo

Durante casi mil años, Alejandría fue la ciudad más importante del mundo mediterráneo: sede de la Gran Biblioteca, capital de los Ptolomeos y última corte de Cleopatra.

Por Far Guides ⏱ 5 min 5 de junio de 2026
Alejandría: la ciudad que fue capital del mundo

Plutarco cuenta que Alejandro Magno trazó el plano de su nueva ciudad con harina. No tenía tiza ni cal a mano, así que usó lo que llevaban los soldados en las alforjas. Los pájaros bajaron a comerse la harina y Alejandro, preocupado por el presagio, consultó a sus augures. Le dijeron que significaba prosperidad: la ciudad alimentaría a multitudes. Tenían razón, aunque en un sentido que ninguno de ellos pudo imaginar.

Una ciudad diseñada para dominar

Alejandría fue fundada en 331 a.C. sobre una franja de tierra entre el lago Mareotis y el Mediterráneo, y en menos de un siglo se convirtió en la ciudad más grande del mundo conocido, superando a Roma en algunos períodos. La elección del emplazamiento no fue casual: Alejandro buscaba un puerto que mirara hacia el Mediterráneo y no hacia el Nilo, un puerto que conectara Egipto con Grecia, no con el interior africano. El resultado fue una ciudad sin precedentes en el mundo antiguo: ni egipcia ni griega, sino algo nuevo que absorbía y transformaba ambas tradiciones.

Los Ptolomeos, la dinastía macedónica que heredó Egipto tras la muerte de Alejandro, convirtieron Alejandría en la capital intelectual del mundo antiguo. Su herramienta: el Museion, la primera institución de investigación científica de la historia, y la Biblioteca anexa que albergó entre 400.000 y 700.000 pergaminos en su apogeo. El mito popular de una destrucción única y catastrófica es, en gran medida, falso. La Biblioteca decayó gradualmente a lo largo de siglos por falta de financiación, por el traslado del centro de gravedad político hacia Roma, por incendios parciales y por el abandono sistemático que sigue a cualquier declive institucional. No hubo un único momento de destrucción, sino una lenta erosión que tardó siglos en completarse.

Lo que se hacía en el Museion

Euclides escribió los Elementos en Alejandría hacia el 300 a.C. Eratóstenes calculó la circunferencia de la Tierra con un error inferior al 2%: colocó un gnomon en Alejandría y comparó su sombra con la ausencia de sombra en Siena (la actual Asuán) el día del solsticio de verano, y de esa diferencia angular dedujo que la Tierra medía aproximadamente 40.000 kilómetros. Lo hizo sin ordenadores, sin satélites y sin salir de Egipto. Herófilo diseccionó cadáveres humanos aquí por primera vez en la historia, fundando la anatomía como disciplina. Aristarco de Samos propuso que la Tierra giraba alrededor del Sol, diecisiete siglos antes que Copérnico.

Todo esto ocurrió en un edificio a orillas del Mediterráneo que hoy está bajo el agua, porque la franja costera de la Alejandría antigua se hundió gradualmente por movimientos tectónicos y hoy los arqueólogos submarinos trabajan en sus restos.

Cleopatra, que no era egipcia

El último representante ilustre de los Ptolomeos fue una mujer que los manuales escolares suelen reducir a sus relaciones con César y Marco Antonio. Cleopatra VII era en realidad la primera de su dinastía —la primera en 275 años de dominio ptolemaico— que se molestó en aprender el egipcio. Era una polígota extraordinaria: hablaba nueve idiomas, incluido el etíope, el hebreo, el arameo y el árabe, además del griego, que era su lengua materna. Su inteligencia política quedó demostrada en el hecho de que mantuvo el trono en circunstancias que habrían aplastado a cualquier gobernante menos hábil.

La Alejandría que ella conocía tenía un millón de habitantes, el faro más alto del mundo antiguo (entre 120 y 140 metros de altura, una de las Siete Maravillas) y una corte que atraía a los mejores intelectuales del Mediterráneo. Cuando Roma la absorbió, el mundo perdió algo que no volvería a tener hasta la Europa ilustrada.

Alejandría hoy

La ciudad actual tiene cinco millones de habitantes y un carácter radicalmente distinto del de El Cairo. Es mediterránea en su esencia: la corniche (el paseo marítimo) tiene esa mezcla de melancolía y apertura que tienen todas las ciudades costeras que fueron grandes y ya no lo son tanto. El poeta griego Konstantinos Kavafis vivió aquí hasta su muerte en 1933, en un apartamento encima de un burdel en la calle Lepsius. Su poesía está llena de esta Alejandría que sobrevivía en los márgenes de su propia memoria.

La Bibliotheca Alexandrina moderna fue inaugurada en 2002. El diseño del estudio danés-noruego Snøhetta es una gran estructura circular inclinada que evoca un disco solar emergiendo del Mediterráneo. Vale la pena visitarla no solo como símbolo sino como edificio: la sala principal tiene capacidad para ocho millones de libros y una escala que hace que uno entienda, por primera vez, lo que pudo significar el original.

La Ciudadela de Qaitbay, del siglo XV, se construyó sobre los cimientos del antiguo Faro usando sus mismas piedras. Las bases de granito rojo visibles en el interior son, casi con seguridad, bloques del edificio original. La columna de Pompeyo (que no tiene nada que ver con Pompeyo, sino con el emperador Diocleciano, siglo IV d.C.) es el monolito de granito más grande de Egipto fuera de los templos faraónicos. Las catacumbas de Kom el-Shoqafa, de los siglos I-II d.C., son quizás el ejemplo más claro de la síntesis alejandrino-romana-egipcia: relieves de dioses egipcios con vestimenta y proporciones romanas.

Cómo llegar

El tren desde Ramses Station (El Cairo) tarda entre 2,5 y 3 horas y cuesta menos de 5 euros en clase turista. Los trenes rápidos (Turbo y Spanish) salen con regularidad desde las 6 de la mañana. Alejandría merece al menos dos días, aunque el circuito habitual la reduce a una excursión de un día desde El Cairo.

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