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Nafplio: la primera capital que Grecia eligió olvidar

Nafplio fue la primera capital de Grecia independiente de 1828 a 1834. El primer presidente fue asesinado en sus calles y la capital se trasladó a Atenas. La ciudad siguió siendo exactamente lo que era.

Por Far Guides ⏱ 5 min 1 de septiembre de 2026
Nafplio: la primera capital que Grecia eligió olvidar

En la madrugada del 27 de septiembre de 1831, Ioannis Kapodistrias —el primer gobernador del Estado griego moderno, diplomático brillante que había sido ministro de exteriores de la Rusia zarista antes de convertirse en líder de la Grecia independiente— bajó de su residencia en Nafplio para asistir a la misa matutina en la iglesia de San Spiridon. En los escalones de la iglesia, dos miembros del clan Mavromichalis le esperaban. Uno lo apuñaló, el otro le disparó. Kapodistrias murió en el acto.

El primer jefe de estado del primer estado griego independiente fue asesinado en las calles de su capital por una familia de notables que consideraba que su autoridad era excesiva. Esta historia condensa mejor que ningún otro episodio las tensiones del estado griego en sus primeros años: la dificultad de construir una institucionalidad moderna sobre estructuras tribales y clanculas que habían sobrevivido siglos de dominación otomana.

La ciudad de tres fortalezas

Nafplio está definida físicamente por tres construcciones militares que pertenecen a tres épocas distintas y que hoy conviven de una manera que resulta casi teatral. El Bourtzi es la más fotogénica: un fuerte circular construido por los venecianos en el siglo XV sobre un islote a trescientos metros de la orilla. Está conectado a la ciudad por barca y desde el puerto, con su silueta perfecta reflejada en el agua tranquila del golfo argólico, es la imagen más reproducida de Nafplio. Durante el siglo XIX fue prisión; durante el siglo XX, hotel. Hoy está en proceso de restauración y se visita con acceso limitado.

El Palamidi es la fortaleza más dramática. Se alza sobre el acantilado que cae directamente sobre la ciudad, a 216 metros de altura. Los venecianos lo construyeron entre 1711 y 1714, en solo dos años, con una urgencia que refleja la amenaza otomana constante. Tienen razón en preocuparse: los otomanos lo tomaron en 1715, apenas un año después de terminado. Para subir hay dos opciones: los 999 escalones tallados en la roca (la cifra exacta varía según quien cuente; el ascenso tarda entre veinte y treinta minutos en buena forma) o la carretera que rodea el acantilado. Las vistas desde arriba abarcan el golfo, la ciudad, las montañas del Peloponeso interior y, en días claros, Micenas en la llanura.

La fortaleza de Acronafplia —el promontorio directamente sobre la ciudad vieja— es la más antigua: hay restos de ocupación desde la época prehelénica. Los griegos, los romanos, los byzantinos y los venecianos la utilizaron y ampliaron sucesivamente. Hoy hay un hotel de lujo en la parte superior y algunos muros accesibles desde las calles del centro.

La ciudad neoclásica de la independencia

El centro de Nafplio fue construido o remodelado durante el período de la independencia griega, cuando la ciudad era capital y recibía la atención y la inversión del gobierno provisional. Las calles del centro tienen una regularidad y un carácter neoclásico que recuerda, en pequeña escala, a las capitales europeas de principios del siglo XIX: la Atenas de Schinkel, el Berlín de la época, Nápoles. Los architravos, los frontones sobre las ventanas, los colores discretos de las fachadas: es una arquitectura que expresaba el deseo griego de incorporarse a la familia de los estados nacionales europeos modernos.

La plaza Syntagma —Constitución, el mismo nombre que la plaza principal de Atenas— es el corazón cívico. El edificio del antiguo cuartel veneciano, hoy Museo Arqueológico, tiene en su sala principal una colección de armaduras de bronce micénicas que son de una calidad comparable a las del Arqueológico Nacional. El café Pharmakeia y las tabernas en las calles adyacentes son los lugares donde los griegos de Atenas que vienen a Nafplio los fines de semana se sientan a comer mezedes durante horas.

El traslado a Atenas y lo que quedó

En 1834, el rey Otón I de Baviera trasladó la capital desde Nafplio a Atenas. La decisión fue política y simbólica: Atenas tenía seis mil habitantes, peor infraestructura que Nafplio, y ninguna ventaja logística. Lo que tenía era la Acrópolis. El nuevo estado griego quería anclar su legitimidad en la herencia clásica, y eso requería que la capital estuviera donde había estado el centro de esa herencia.

Para Nafplio, el traslado fue el momento en que dejó de crecer en función de la política nacional. La ciudad siguió siendo un puerto regional, un centro administrativo del Peloponeso, pero sin la presión de ser capital se quedó preservada en su tamaño y en su carácter. Esto, que en el siglo XIX fue un destino de menor importancia, en el siglo XXI es exactamente lo que la hace especial: una ciudad pequeña, densa, perfectamente conservada, sin las capas de crecimiento caótico que acompañan a las ciudades que siguieron expandiéndose.

Los griegos lo saben. Nafplio es el destino de fin de semana favorito de los atenienses: a dos horas de coche de la capital, con tabernas que sirven bien, con el Palamidi iluminado de noche, con el Bourtzi en el puerto. Los hoteles se llenan los viernes por la tarde. Los martes por la mañana la ciudad es de los pocos viajeros independientes que han llegado a entender que el Peloponeso no es solo el camino a las islas.

La iglesia de San Spiridon —donde fue asesinado Kapodistrias— tiene todavía la bala incrustada en la pared del porche. Está marcada. Es, en su pequeñez, uno de los documentos más honestos de lo que fue fundar un estado.

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