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Herceg Novi: la puerta de Montenegro desde el mar

La ciudad de entrada a Montenegro desde Croacia: capas venecianas, otomanas y austrohúngaras en una ciudad con vistas sobre la bahía. Y la wisteria de abril.

Por Far Guides ⏱ 5 min 15 de junio de 2026
Herceg Novi: la puerta de Montenegro desde el mar

Quien entra a Montenegro por carretera desde Croacia lo hace por Herceg Novi. La ciudad está en el punto donde la bahía de Kotor se abre al Adriático abierto, en el extremo occidental de esa formación geológica extraordinaria que los navegantes medievales llamaban Bocche di Cattaro y que los cartógrafos modernos clasifican como el único fiordo del Mediterráneo. Antes de que la bahía se cierre sobre sí misma y los montes se tornen más verticales y más oscuros, está Herceg Novi: el umbral.

La ciudad tiene una calidad de portal que va más allá de la geografía. Quien llega de la costa dálmata croata —Dubrovnik está a cuarenta kilómetros— nota inmediatamente que algo ha cambiado. Los carteles están en cirílico además de en latino. Los precios son algo más bajos. La arquitectura —que también tiene capas venecianas y mediterráneas— tiene un acento diferente, una proporción que no es exactamente la de las ciudades dálmatas. Herceg Novi es el primer aviso de que se ha cruzado una frontera que no es sólo administrativa.

Los estratos de una ciudad de paso

Herceg Novi fue fundada en 1382 por el rey bosnio Stjepan Vukčić Kosača —el mismo cuyo nombre aparece en el título “herzeg” (duque) que dio lugar al nombre de la ciudad y, eventualmente, al nombre de la región de Herzegovina. La elección del emplazamiento era estratégica: el control del acceso a la bahía significaba el control del comercio que entraba y salía del interior balcánico.

Las potencias que se disputaron la ciudad a lo largo de los siglos dejaron cada una su marca: los otomanos tomaron Herceg Novi en 1482 y la mantuvieron durante casi dos siglos, construyendo mezquitas y baños que ya no existen pero cuya lógica urbana sigue siendo legible en el tejido de la ciudad vieja. Los venecianos la tomaron en 1687, en el marco de la gran ofensiva que también les dio Grecia y Dalmacia durante la Guerra de la Morea, y construyeron sus propias fortalezas sobre las fundaciones otomanas. Los austrohúngaros, que tomaron el control en 1814 tras las guerras napoleónicas, añadieron la fachada centroeuropea —el paseo marítimo, los edificios neoclásicos, las escalinatas— que hoy define la imagen de la ciudad baja.

La fortaleza Kanli Kula

La fortaleza de Kanli Kula, en lo alto de la ciudad, es la más visible de las estructuras defensivas que rodean Herceg Novi. Su nombre, en turco, significa “torre sangrienta”, lo cual da una idea del uso que tuvo durante los siglos de control otomano: fue prisión y lugar de ejecuciones. Los otomanos la construyeron en el siglo XVI sobre un promontorio que domina tanto la bahía como la entrada al Adriático.

Hoy la fortaleza es un anfiteatro al aire libre donde se celebran conciertos y festivales durante el verano. Esta reutilización —que en otro contexto podría parecer una banalización— funciona aquí de manera sorprendente: las gradas, construidas dentro de las murallas en los años setenta, tienen una acústica razonable, y ver un concierto con el Adriático como telón de fondo a través de las almenas del siglo XVI tiene una calidad que los auditorios convencionales no pueden ofrecer. La entrada al recinto fuera de los eventos es de unos dos euros.

El fuerte español y la wisteria

Hay una rareza histórica en Herceg Novi que poca gente conoce: la ciudad tuvo durante un breve período, a finales del siglo XVI, control español. La Monarquía Hispánica de Felipe II la tomó en 1538 en el contexto de las guerras mediterráneas contra el Imperio Otomano, y la mantuvo durante algunos años antes de cederla de nuevo. Quedan estructuras de ese período que los historiadores locales identifican como el “fuerte español”, aunque la atribución no es unánime entre los especialistas. Lo que sí es cierto es que ese episodio refleja hasta qué punto la bahía de Kotor fue objeto de deseo para todas las potencias mediterráneas durante siglos.

La wisteria de Herceg Novi es otro asunto completamente diferente pero igualmente inevitable. En abril, la ciudad se cubre de racimos violeta de glicinia que caen desde los jardines y las terrazas hasta el paseo marítimo. La festividad de la Wisteria —Grad Herceg Novi organiza un festival específico— atrae visitantes que vienen específicamente por ese acontecimiento vegetal. Hay algo absurdo y completamente lógico en organizar un festival entorno a una planta trepadora, y Herceg Novi lo lleva con la dignidad de quien sabe que sus motivos de atracción no tienen que ser monumentales para ser reales.

El paseo marítimo y la ciudad como base

El paseo marítimo de Herceg Novi —la Šetališta— es uno de los más agradables de la bahía. Corre paralelo al agua durante varios kilómetros, con terrazas de café a un lado y vistas sobre el Adriático al otro. En las mañanas de verano, antes de que el calor apriete, tiene la calidad de los paseos marítimos mediterráneos que no han sido completamente tomados por el turismo: hay locales que caminan, mercado de fruta fresca, barcas de pesca amarradas al muelle.

Herceg Novi funciona bien como base para explorar el extremo occidental de la bahía: el monasterio de Savina (siglos XVII-XVIII) está a dos kilómetros. El ferri que cruza la boca de la bahía —el paso de Verige— parte desde Kamenari, a pocos kilómetros. La ciudad tiene suficiente oferta de alojamiento y restauración para quedarse varios días sin necesidad de moverse, pero está también a distancia razonable de Kotor (cuarenta y cinco kilómetros por la orilla norte) y de la frontera croata.

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