Akureyri: la capital del norte que funciona sola
Con 20.000 habitantes, Akureyri es la segunda ciudad de Islandia y la capital no oficial del norte. A 100km al sur, el lago Mývatn y sus géiseres son el equivalente nórdico del Círculo Dorado sin la mitad del turismo.
El fiordo de Eyjafjörður tiene sesenta kilómetros de longitud y se adentra en la tierra desde el norte de Islandia como una incisión profunda y estrecha. En el fondo de ese fiordo, donde la montaña cede espacio suficiente para construir algo más que una granja, está Akureyri: veinte mil habitantes, la segunda ciudad del país, la que los islandeses del norte llaman simplemente “la ciudad” sin necesidad de especificar cuál. Que la segunda ciudad de un país europeo tenga veinte mil habitantes dice algo sobre Islandia. Que esa ciudad tenga universidad, hospital público, teatro, mercado municipal y varias cocinas que merecen el viaje dice algo sobre lo que Akureyri ha decidido ser.
Una ciudad que no depende del turismo
La diferencia entre Akureyri y otros destinos turísticos nórdicos es que Akureyri existiría igualmente sin turistas. Tiene una economía propia: pesca, manufactura, servicios, universidad con cuatro mil estudiantes, el hospital que atiende todo el norte del país. Los restaurantes del centro no están diseñados para grupos con tarjeta de guía sino para los islandeses que viven allí y comen fuera los jueves. Esto cambia el ambiente de manera notable: la ciudad no está actuando para nadie, simplemente existe, y uno puede moverse por ella con la misma discreción con la que se movería por una ciudad pequeña de cualquier otro país europeo.
La iglesia Akureyrakirkja, en lo alto de una escalinata de escalones que da directamente al centro, es obra de Guðjón Samúelsson, el mismo arquitecto que diseñó la Hallgrímskirkja de Reikiavik. El parecido es intencional: las mismas formas basálticas estilizadas, la misma idea de una arquitectura que nace del paisaje volcánico. La vista desde los escalones hacia el fiordo, con los barcos en el agua y las montañas al fondo cubiertas de nieve en cualquier época del año excepto agosto, es una de las mejores vistas urbanas de Islandia.
El jardín botánico de Akureyri, a diez minutos a pie del centro, es el más septentrional del mundo que tiene jardín de rosas funcional: el microclima del fiordo, protegido del viento atlántico por las montañas circundantes, permite una temperatura media en verano que hace posible lo que en latitud 66ºN parecería imposible. En julio hay rosas. En el mismo jardín hay plantas de todos los continentes etiquetadas en islandés y latín.
Mývatn: el interior volcánico sin multitudes
A cien kilómetros al sur de Akureyri, siguiendo la carretera 1 hacia el este y luego el lago por la 848, está el lago Mývatn: uno de los paisajes volcánicos más concentrados y variados de Islandia, y notablemente menos masificado que el Círculo Dorado del suroeste. La razón de la menor concurrencia no es que sea menos impresionante sino que está lejos de Reikiavik, lo que filtra el turismo de un día y deja a Mývatn para quienes van hasta allí con propósito.
El lago en sí tiene cuarenta y cuatro kilómetros cuadrados y se formó hace menos de dos mil trescientos años como resultado de erupciones volcánicas que represaron el río y crearon una cuenca. Los pseudocráteres de Skútustaðir, en la orilla sur, son estructuras de lava que se formaron cuando la lava caliente fluyó sobre terreno húmedo y el vapor atrapado explotó hacia arriba: no son cráteres volcánicos sino cráteres de vapor, y tienen una forma cónica casi perfecta que los hace fotogénicos desde cualquier ángulo.
Los campos de lava de Dimmuborgir (“Las Ciudades Oscuras” en islandés), al este del lago, son un laberinto de columnas y arcos de lava que se formó hace dos mil años cuando un lago de magma se enfrió desde abajo: el agua del lago que estaba bajo la lava se evaporó y creó estas formas imposibles. Fue utilizado como localización para la Guarida del Cuervo en la quinta temporada de Game of Thrones, lo que no hace justicia a lo que es independientemente de cualquier referencia cultural: un lugar donde caminar durante una hora y no volver por el mismo camino.
Húsavík y las ballenas
A cincuenta kilómetros al noreste de Akureyri, Húsavík es el mejor puerto para avistamiento de ballenas de toda Islandia y uno de los mejores de Europa. La razón es geográfica: está en la bahía de Skjálfandi, donde las corrientes atlánticas traen una concentración de capelán en verano que atrae a ballenas jorobadas en cantidades que otros puertos no pueden igualar. Los barcos de Húsavík son de madera pintada, de arquitectura tradicional: una diferencia visual y práctica respecto a los zodiac de Reikiavik que no es solo estética sino de estabilidad en el agua.
Llegar desde Reikiavik
El vuelo de Reikiavik a Akureyri (Air Iceland Connect, un vuelo desde el aeropuerto doméstico) dura cuarenta y cinco minutos y puede costar menos de cien euros en temporada media. La alternativa en coche son 380 kilómetros por la Ring Road: cuatro horas sin paradas, que con el paisaje del interior y los fiordos del norte se convierten fácilmente en seis o siete. Las dos opciones tienen sentido según el tiempo disponible: el vuelo para quien tiene pocos días; la carretera para quien quiere que el viaje al norte sea parte del viaje.
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