Tesalónica: la ciudad que Grecia no enseña a los turistas
Tesalónica fue capital del Imperio Romano de Oriente antes que Constantinopla y tiene más monumentos byzantinos por kilómetro cuadrado que cualquier otra ciudad del mundo. Y muy pocos turistas.
Hay una frase que los tesalonicenses repiten con una mezcla de orgullo y resignación: “Somos la segunda ciudad de Grecia, pero la primera en todo lo demás.” La gastronomía, la música, la vida universitaria, la arquitectura byzantine, el carácter de sus habitantes: en cada uno de estos ámbitos existe en Grecia una convicción generalizada de que Tesalónica supera a Atenas. Es una convicción que los atenienses no comparten, pero eso es irrelevante.
Lo que es objetivamente cierto es que Tesalónica es la ciudad griega con la historia más densa por kilómetro cuadrado, y la menos visitada en proporción a lo que tiene. La mayoría de los viajeros que van a Grecia nunca llegan al norte del país. Los que llegan a Tesalónica suelen quedarse dos días y marcharse convencidos de que merecía una semana.
La fundación y los primeros siglos
Tesalónica fue fundada en el año 315 a.C. por Casandro, uno de los sucesores de Alejandro Magno. Casandro la nombró en honor a su esposa, Tesalónica, que era hermana de Alejandro. Este detalle genealógico no es anecdótico: Tesalónica nació como una ciudad con aspiraciones dinásticas, diseñada desde el principio para ser importante.
La importancia llegó rápidamente. En el período romano, Tesalónica fue la capital de la provincia de Macedonia y el nodo central de la Vía Egnatia, la carretera que unía la costa adriática con Bizancio. San Pablo predicó en Tesalónica en el año 50 d.C. y escribió las dos Epístolas a los Tesalonicenses, que son las primeras cartas del Nuevo Testamento en orden cronológico. La ciudad tenía ya en ese momento una comunidad judía importante, con la que Pablo entró en conflicto antes de ser expulsado.
Galerio, el coemperador que gobernó el oriente del Imperio Romano a finales del siglo III y principios del IV, eligió Tesalónica como su capital. Las dos estructuras que dejó son extraordinarias y están todavía en el centro urbano. El Arco de Galerio, construido hacia el año 305 para celebrar su victoria sobre los persas sasánidas, tiene paneles de relieve esculpido que narran las campañas con un detalle comparable al de la Columna Trajana en Roma. La Rotonda, construida originalmente como su mausoleo personal, es un tambor de hormigón con muros de casi seis metros de espesor. Fue convertida en iglesia por Constantino I, transformada en mezquita por los otomanos (el minarete del período otomano sigue en pie, a un lado), y es hoy un monumento que funciona como museo y como sala de conciertos. La acústica, diseñada en origen para un espacio fúnebre, es notable.
El patrimonio byzantino
La designación UNESCO que Tesalónica recibió en 1988 —los Paleocristianos y Monumentos Byzantinos de Tesalónica— incluye quince monumentos distintos. Es una de las declaraciones más generosas en términos de número de elementos incluidos, y está justificada. Tesalónica fue la segunda ciudad del Imperio Romano de Oriente durante la mayor parte de su historia, lo que significa que recibió inversiones monumentales de emperadores que querían dejar su huella en la ciudad más importante del mundo que no era Constantinopla.
La Basílica de San Demetrio, del siglo V, conserva mosaicos del período paleocristiano en las columnas del interior, incluyendo retratos de personajes históricos con el santo que son de una calidad y un estado de conservación excepcionales. La Iglesia de Agios Giorgios (la Rotonda reconvertida) tiene mosaicos del siglo IV en la cúpula que son los más antiguos de Tesalónica. La Iglesia de la Santa Sabiduría (Hagia Sophia en Tesalónica, anterior a la de Constantinopla en nombre y en algunos aspectos tipológicos) es del siglo VIII.
La gastronomía como historia
La fama gastronómica de Tesalónica tiene una raíz histórica precisa. En 1922-23, el intercambio de poblaciones entre Grecia y Turquía que siguió a la derrota griega en Asia Menor trajo a Tesalónica —que estaba a pocas horas de barco de Esmirna y de la costa anatolia— a cientos de miles de refugiados griegos de Turquía. Esas familias traían consigo recetas, técnicas culinarias y una tradición gastronómica que se había desarrollado durante generaciones en ciudades cosmopolitas del Mediterráneo oriental.
El resultado es una cocina que combina la base griega ortodoxa (el aceite de oliva, el cordero, los quesos) con influencias de Anatolia, del Imperio Otomano y de las comunidades judías sefardíes que habitaron la ciudad durante siglos. El bougatsa —pasta filo con crema pastelera o queso, espolvoreada con azúcar glas y canela— no se inventó en Tesalónica, pero aquí se elevó a categoría de desayuno obligatorio. Los establecimientos que solo sirven bougatsa abren a las cinco de la mañana y no usan ingredientes que no sean frescos del día.
El Barrio Alto y la historia reciente
Ano Poli, el barrio alto de Tesalónica, subió sobre la ladera del monte Chortiatis preservando la arquitectura de madera del período otomano. Las casas con voladizos, los patios interiores, las calles empinadas de adoquín: es el único barrio de Tesalónica que sobrevivió al gran incendio de 1917, que destruyó el 70% de la ciudad baja. Desde el mirador sobre las murallas byzantinas que coronan el barrio, la vista sobre la ciudad y el golfo Termaico, con el monte Olimpo al fondo en días claros, es la mejor perspectiva de Tesalónica.
La comunidad judía sefardí, que había sido la mayoría de la población de la ciudad hasta el siglo XIX —Tesalónica llegó a ser llamada “La madre de Israel” por ser la comunidad sefardí más importante del mundo—, fue deportada en 1943. Cuarenta y ocho mil personas fueron enviadas desde el recinto de la antigua feria de muestras directamente a Auschwitz. Solo sobrevivieron unos dos mil. El museo judío en la calle Agiou Mina, pequeño y bien diseñado, es el lugar donde esa historia se narra sin eufemismos.
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