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Rodas: la ciudad medieval que los Caballeros de San Juan construyeron

La ciudad vieja de Rodas es la fortaleza medieval mejor conservada del Mediterráneo. Construida por los Caballeros Hospitalarios, conquistada por los otomanos, nunca demolida.

Por Far Guides ⏱ 5 min 2 de junio de 2026
Rodas: la ciudad medieval que los Caballeros de San Juan construyeron

En 1522, Solimán el Magnífico sitió la ciudad de Rodas durante seis meses con un ejército de entre cien y doscientos mil hombres. Dentro de las murallas resistían poco más de siete mil Caballeros de San Juan y sus aliados locales. Cuando los caballeros finalmente se rindieron, Solimán los dejó marchar con sus armas, sus archivos y sus barcos. Era un gesto de respeto que tenía una consecuencia inesperada: la ciudad que habían construido durante doscientos años quedó intacta.

Esa integridad es lo que convierte a la ciudad vieja de Rodas en un caso único en el Mediterráneo. No es una ciudad medieval reconstruida ni restaurada con entusiasmo romántico. Es una ciudad que sobrevivió porque sus conquistadores decidieron habitarla en lugar de demolerla.

Los Caballeros y su proyecto urbano

Los Caballeros Hospitalarios de San Juan llegaron a Rodas en 1309, expulsados de Tierra Santa tras la caída de Acre. Lo que encontraron era una ciudad griega de cierta importancia, con murallas antiguas y un puerto bien posicionado en la ruta comercial entre el Levante y el Mediterráneo occidental. Lo que construyeron durante los dos siglos siguientes fue una de las obras de ingeniería militar más ambiciosas de la época.

Las murallas actuales, con una longitud de casi cuatro kilómetros, son en gran parte obra de finales del siglo XV y principios del XVI. Tienen una anchura en algunos tramos superior a doce metros y un sistema de fosos, baluartes y torres que representa la aplicación práctica de la poliorcética medieval. Caminando por la parte superior —los paseos de ronda se pueden recorrer en visita guiada— se comprende por qué Solimán tardó tanto en tomar la ciudad. No es una muralla decorativa. Es una máquina de guerra.

La Calle de los Caballeros, Odos Ippoton en griego, es el corazón aristocrático de la ciudad medieval. Es probablemente la calle medieval mejor conservada de Europa: un tramo de unos doscientos metros, ligeramente empinado, flanqueado por las posadas de las distintas “lenguas” o naciones de la Orden. Los Caballeros se organizaban por origen geográfico —la Lengua de Francia, la de Provenza, la de España, la de Inglaterra, la de Alemania— y cada grupo tenía su edificio propio. Los portales de piedra tallada, las ventanas ojivales, los escudos heráldicos aún visibles sobre las jambas: todo permanece con una coherencia visual que resulta casi irreal.

El Palacio del Gran Maestre y la historia que no vemos

Al final de la Calle de los Caballeros se alza el Palacio del Gran Maestre, la residencia y sede de gobierno de la Orden. Lo que se visita hoy es en parte una ilusión: el palacio original fue destruido por una explosión de municiones almacenadas en 1856, durante el período otomano. La reconstrucción que se ve fue realizada por los italianos en los años treinta del siglo XX, cuando Rodas era colonia italiana (el Dodecaneso fue administrado por Italia de 1912 a 1943). La reconstrucción es competente pero libre: los mosaicos que pavimentan las salas de la planta baja fueron traídos de la isla de Cos, no pertenecían al edificio original.

Este detalle no es menor. La Italia fascista tenía un proyecto ideológico en Rodas: demostrar la continuidad entre el mundo antiguo, el medieval occidental y el Estado moderno. La reconstrucción del palacio, la limpieza de los barrios otomanos en torno a él, la arquitectura monumental que los italianos construyeron en la ciudad nueva: todo respondía a esa narrativa. El resultado es que hoy visitamos una ciudad cuyas capas históricas han sido interpretadas y a veces manipuladas con intereses políticos precisos.

Los otomanos y la ciudad que adaptaron

Cuando los otomanos tomaron la ciudad, no vaciaron de contenido el proyecto urbano de los Caballeros. Lo utilizaron. La catedral de Santa María del Castillo, en la calle principal, se convirtió en la Mezquita de Solimán: todavía está en pie, con su minarete añadido en el siglo XIX, en la parte alta del barrio turco. Las posadas de los caballeros pasaron a ser almacenes, edificios administrativos, viviendas. El tejido urbano se mantuvo, pero su significado cambió.

El Barrio Turco —que en la época otomana era también el barrio donde vivían los griegos, los judíos y el resto de la población no militar— conserva fuentes, baños públicos (el hammam de la plaza Arionos, del siglo XVI) y la textura de una ciudad de administración provincial otomana. Es un barrio sin turistas a última hora de la tarde, cuando los grupos de crucero han vuelto a sus barcos, y esa tranquilidad le devuelve algo de su densidad histórica.

La Judería y el siglo XX

El barrio más silencioso de la ciudad vieja es la Judería, en el sector sureste, junto a las murallas marinas. La comunidad judía de Rodas —de origen sefardí, descendiente de los expulsados de España en 1492— fue una de las más antiguas del Mediterráneo oriental. En julio de 1944, los nazis deportaron a 1.700 judíos de Rodas hacia Auschwitz. El 87% murió. La sinagoga Kahal Shalom, del siglo XVI, es la más antigua de Grecia en funcionamiento. Hoy el barrio está mayormente vaciado de su comunidad original, pero la sinagoga, los epitafios en español medieval de las lápidas del cementerio, y la placa en la plaza de los Mártires Judíos cuentan una historia que la ciudad medieval de los Caballeros nunca podría anticipar.

Cómo recorrer la ciudad

La ciudad vieja de Rodas es peatonal. Los coches de residentes circulan por algunas arterias principales, pero el interior —la red de calles medievales, algunos de cuyos nombres son todavía turcos u otomanos— funciona a pie. La visita nocturna, cuando las murallas están iluminadas con proyectores y los grupos de día han desaparecido, es la más recomendable para entender la escala monumental del conjunto. De día, la luz es perfecta a primera hora: hacia las ocho o las nueve de la mañana las callejuelas del barrio turco están casi vacías, y la Calle de los Caballeros puede recorrerse en calma.

La ciudad nueva, al norte de las murallas, tiene el aeropuerto a once kilómetros y la mayoría de los hoteles. La distancia a pie desde la ciudad nueva al acceso principal es de unos veinte minutos. Suficientes para pasar de un siglo a otro.

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