Ecuador · 16 de agosto de 2026

El tren de la Nariz del Diablo: la ruta ferroviaria que desafió a los Andes

La Nariz del Diablo es el tramo más espectacular del ferrocarril ecuatoriano: un zig-zag de ingeniería imposible que baja 500 metros en pocos kilómetros, tallado en una pared de roca volcánica. La historia de cómo se construyó es tan dramática como el viaje en sí.

Por Far Guides 10 min de lectura
El tren de la Nariz del Diablo: la ruta ferroviaria que desafió a los Andes

En 1899, el presidente Eloy Alfaro contrató a la empresa norteamericana Harman para construir una línea de ferrocarril que conectara Quito con Guayaquil. El problema era evidente para cualquiera que mirara un mapa con curvas de nivel: entre la capital andina y el puerto del Pacífico hay una caída de más de 3.000 metros en unos cien kilómetros. Los ingenieros de la época lo llamaron imposible. Los ecuatorianos lo construyeron de todas formas, a un coste en vidas humanas que todavía no ha sido cuantificado con rigor.

El punto más difícil de toda la línea fue un cerro de roca volcánica entre Sibambe y Alausí, en la provincia de Chimborazo, donde la topografía hace imposible cualquier pendiente razonable para una vía férrea. La solución que los ingenieros encontraron —un sistema de zig-zag, conocido como switchback en inglés, donde el tren sube y baja alternativamente de dirección para ganar altura— dio nombre al lugar para siempre: la Nariz del Diablo. Porque solo el diablo podría haber diseñado un terreno así.

La construcción: el precio humano de la ingeniería

El ferrocarril Guayaquil-Quito tardó nueve años en construirse y se inauguró en 1908. El tramo de la Nariz del Diablo fue el más lento y el más mortífero. Los trabajadores —jamaicanos traídos expresamente porque los ecuatorianos se negaban a trabajar en las condiciones existentes, junto con indígenas locales reclutados bajo presión— tallaron la roca volcánica con dinamita y herramientas manuales en condiciones que el historiador Alfredo Pareja Diezcanseco describió como “una forma de esclavitud disfrazada de salario.”

Cuántos murieron exactamente es difícil de saber. Los registros de la época son incompletos y parcialmente falsificados. Las estimaciones van de algunos cientos a varios miles. Las condiciones incluían malaria, accidentes por dinamita, caídas y una jornada laboral que se extendía hasta el límite de lo humanamente posible.

El ferrocarril ecuatoriano es una de esas obras que, cuando las entiendes, cambia cómo ves el paisaje que atraviesas. Cada kilómetro de vía tiene detrás una historia de esfuerzo que el tiempo y el paisaje conspiran para hacer invisible.

La inauguración de 1908 fue un acontecimiento nacional. El ferrocarril unía por primera vez la Sierra y la Costa, acortaba el viaje de semanas a horas, y transformó la economía del país. También transformó el paisaje político: las regiones que antes vivían casi desconectadas empezaron a relacionarse con una frecuencia e intensidad nuevas.

El tren hoy: de Riobamba a Alausí

El sistema ferroviario ecuatoriano fue abandonado progresivamente desde los años ochenta, cuando la construcción de carreteras lo hizo económicamente insostenible. La línea estuvo clausurada durante años. En 2008, el gobierno de Rafael Correa inició su restauración como proyecto cultural y turístico, y hoy opera un servicio turístico entre Riobamba y Alausí con parada en la Nariz del Diablo.

El trayecto cubre unos ochenta kilómetros en aproximadamente tres horas y media, con el momento culminante en el descenso del zig-zag, donde el tren baja cien metros de altitud en un tramo de solo cuatro kilómetros, cambiando de dirección tres veces en una pared de roca negra que cae casi verticalmente al cañón del río Chanchán.

  • 📍Salida Riobamba (2.750 m)
  • 📍Destino Alausí (2.340 m) · con parada en Nariz del Diablo (1.800 m)
  • Duración 3,5 h aprox.
  • 💰Precio $20–25 por persona según tarifa
  • 📅Días Miércoles, viernes, sábado y domingo
  • 🎟Reserva Obligatoria online en trenecuador.com (se agotan)

El descenso por la Nariz del Diablo se hace en el exterior del tren, en la parte superior de los vagones, lo que añade un elemento de exposición al viento y a la vista que hace el tramo más intenso. Hay barandillas, y el servicio no es imprudente, pero sí es una experiencia que se tiene de pie en el techo de un tren mirando cómo una pared de roca pasa a metros de distancia.

Riobamba: la ciudad del Chimborazo

Riobamba es la capital de la provincia de Chimborazo y la ciudad desde la que sale el tren. Tiene algo que muchas ciudades ecuatorianas de tamaño similar han perdido: un centro histórico funcional, con edificios republicanos del siglo XIX que todavía sirven para lo que fueron construidos —mercados, oficinas, iglesias— sin el grado de gentrificación turística que ha transformado Quito o Cuenca.

El atractivo principal de Riobamba, más allá de ser el punto de salida del tren, es su relación con el Chimborazo. El Chimborazo (6.263 metros) no es el más alto del mundo medido desde el nivel del mar, pero sí es el punto de la superficie terrestre más alejado del centro de la Tierra, por efecto del abultamiento ecuatorial del planeta. Esta distinción es técnica pero tiene un peso simbólico: el Chimborazo es el lugar donde la Tierra se aleja más del universo, y desde Riobamba, en días despejados, se ve entero.

La Reserva de Producción Faunística Chimborazo, a unos treinta kilómetros de la ciudad, permite acercarse hasta el refugio Whymper a 5.000 metros —accesible en vehículo— donde el glaciar es visible y los vizcachas (roedores andinos parecidos a liebres grandes) circulan entre las rocas con total indiferencia hacia los visitantes.

El mercado de Guamote

A media hora de Alausí, el pueblo de Guamote celebra uno de los mercados indígenas más auténticos del Ecuador andino, los jueves por la mañana. No está en los itinerarios turísticos estándar, lo cual es parte de su valor: es un mercado de intercambio y venta para las comunidades rurales de la zona, con animales, semillas, ropa, productos agrícolas y un nivel de actividad comercial que hace que el tiempo parezca detenido en algún punto del siglo XX.

Combinar el tren del jueves con una mañana en el mercado de Guamote es una forma de organizar el día que pocos guías sugieren y que merece la pena construir con más tiempo.

Cómo llegar a Riobamba

Riobamba está a tres horas de Quito y a hora y media de Baños en bus. Está en la ruta natural del circuito central de Ecuador y tiene sentido como parada de noche antes de tomar el tren al día siguiente. Los buses desde Quito salen de la Terminal Quitumbe con frecuencia cada hora.

Alausí, el destino final del tren, es un pueblo pequeño que tiene poco más que el propio tren como razón de visita. Desde allí se puede volver en bus a Riobamba (una hora) o continuar hacia Cuenca (tres horas), lo que convierte la ruta Riobamba → Nariz del Diablo → Alausí → Cuenca en uno de los tránsitos más cinematográficos del país.

El tren no es un medio de transporte. Es un argumento a favor de que hay formas de moverse por un territorio que revelan cosas que la carretera no muestra, a velocidades que permiten verlas.

La Nariz del Diablo no es el tren más largo, más rápido ni más lujoso de América Latina. Es el que tiene la historia más dramática y el paisaje más improbable. Eso, para un viajero que entiende que los mejores viajes son los que tienen capas, es suficiente.

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